No me llames Dolores llámame LOLA

 

Hemos pasado de Independencias y  Religiones que aún a día de hoy, sigue la lucha. A reencuentros inolvidables y que siguen latentes actualmente. Ahora nos  encontramos cómo muchos de los temas de los que hablo, cotidiano, lamentablemente real, lastimosamente duro, muy duro.

Hablaremos de dos mujeres, que no son dos. Sino una. Lo que cambió a Dolores para ser Lola. Lo que una inocente joven sucumbió al mal vicio de una mano, de un hombre, de un dolor. Del creer que era amor cuando era bofetada, del creer  que era pasión con una patada.

 

Así pues empezamos la historia de Dolores……. Lola.

 

DOLORES

Dolores era una joven veinteañera, enamoradiza como sucede a dicha edad. Su rebeldía, su carácter extrovertido y su forma de ser,  tan alma libre, hizo querer y amar  hasta las trancas al chico equivocado. Tal fue su obstinación que decidió irse a vivir con aquel desconocido. No obstante, la desconformidad genérica de la familia, amigos y allegados. No era hombre para ella.

El noviazgo corto fue como el de cualquier pareja adolescente entrando en edad madura, lleno de estrellas, soles y lunas que los acompañaban, sin ningún tipo de señal de cuál sería el carácter del joven galán.  Todo surgió en la convivencia… y al poco tiempo.

 

LA PRIMERA

Dolores, era una chica con un carácter muy definido desde que era bien pequeña. Debido a circunstancias de la vida que ahora no vienen a cuento, siempre supo bien lo que quería y lo que no, lo que gustaba o no, y luchadora como ella sola para lograr cada una de las cosas por las que creía.

No tardó mucho en ser un problema real en su convivencia de pareja, el no ser una mujer sumisa y el hacer presente sus opiniones le costó la primera y más dolida ostia. En toda la cara. Con la mano abierta, como dirían muchos hombres.  ¿El por qué? Una discusión de lo más absurda. Ella no estaba conforme con el gastar tanto dinero en costo y esas guarradas que se fuman la juventud o no tan juventud. Eso creo una terrible discusión ya que para él, era como el aire que respiraba. Gritos, lloros y una terrible lucha de egos y de poder,  hizo que  la bestia que había en él le retara de coger la puerta y largarse. De amenazarla que era insoportable y que él se gastaba el dinero en lo que le salía de los mismísimos cojones. En esto que ella, en un acto de clemencia  le cogió de la camiseta como cuerpo sin alma, para que no se fuera, implorando que se haría lo que él quisiera. En estas la mano alzó  y la gran primera ostia le dio. En blanco ella se quedó y de un portazo la puerta se cerró. Pasaron unas horas y él volvió. Llorando e implorando perdón y ella le creyó. El costo por supuesto, se compró.

 

ASÍ PASARON LOS MESES Y AÑOS

Todo ello fue de mal en peor.  La ostias empezaron a ser más y más, repetidas. Las bofetadas eran como el pan de cada día, y los perdones como agua, cada vez más escasa. 

Las peleas de mal en peor, hasta un día que tal fue el mal, que no fue solo bofetadas sino una paliza en toda regla. Contra los muebles, contra el suelo, el cuerpo de Dolores era como una pluma en manos de un gigante, vaivén de movimientos indescriptibles lanzados en un azar de patadas, de golpes…. De dolor, mucho dolor. Tres días estuvo en cama sin poderse levantar. Su diminuto cuerpo un enorme color azul, verde, amarillo y rojo. No eran los colores del arco iris, eran las marcas que le habían dejado, y que le recordaban que no era feliz, que se sentía sola, abandonada, y lo peor de todo, culpable. Dolores se sentía extremadamente culpable.

Las palizas de color de arco iris, pasaron a ser a veces incluso intentos de estrangulamiento. El aire metafórico pasó a ser una realidad en más de una ocasión. La desdicha de la joven era cada vez más latente, y la vergüenza de que la gente lo supiera……. Una tortura.

Cada vez se encerraba más en casa.  Poco salía ya con sus amistades y su sentimiento de culpa fue de mal en peor. Se sentía fea, vieja y sola, cada vez más sola. No reía apenas, cada vez estaba más pálida y su peso se convirtió en el de una pluma real.

El sentimiento de culpa creció aún más. Perdió su carácter y su fuerza, poco rechistaba o poco hacia prevalecer su opinión porque cuando así acontecía ostia venia. Y no obstante todo, su culpa hacía mella y más mella en ella. Pensaba que debido a su terquedad, su fuerte personalidad o bien su rebeldía hacían que el tomara bofetada en mano a su cara  llegando. Así que ella llegó al punto de omitir, de callar, y su personalidad totalmente anuló durante muchos, muchos años. Lloró, lloró, lloró,  lloró mucho, tanto que aún que la recuerdo llorando. Me acuerdo que se sentaba en una esquina, como cuando eres pequeño, y con los brazos tapándose la cara lloraba por horas. Se ahogaba con su propio llanto. Sus ojos se tornaban rojos como fuego e hinchados, tan hinchados que eran dos pequeñas aperturas. Llenos de dolor, de agotamiento, tristeza y desdicha. Se sentía tan mal, por hacerlo enfadar. Se sentía tan mal por aguantar lo que no tenía que aguantar. 

Su lloro duró más de tres años……….. Vacía se quedó  y con coraje un día  lo abandono.

 

LOLA

Desde que se fue del piso, cerró un capítulo de su vida, y con ellas cambió de nombre, ciudad y de vida. Lola no se convirtió en nada mucho mejor que Dolores, en los primeros cinco años.  El dolor que le seguían, le hizo convertirse en una mujer despechada, vacía y con secuelas que seguramente le durarán por vida. No quería amar ni ser amada, y así por años, estuvo sola. No creía en el amor, no creía en la pasión… NO CREÍA EN LOS HOMBRES. Se convirtió en una mujer fría muy fría, no soportaba que nadie le abrazara ni la tocara. Se encerró en una vida de salidas nocturnas y de cuerpo sin alma ni corazón. Había sido una chica, mujer, niña extremadamente cariñosa y afectuosa, todo aquello lo perdió durante esos años.

Lola pasó muchos años curando, mimando cada una de las cicatrices. Gracias a su paciencia, voluntad y fe, las sanó. No obstante ser un camino, que tuvo que hacer sola, ya no se sentía para nada así. Y aun siendo consciente que dichas heridas siguen en  su piel, en su corazón, ha vuelto a ser lo que era. Ha vuelto a definir su fuerte personalidad, mira para adelante, no obstante cuando alguien le falta el respeto, le chilla o alza la mano en un gesto, sus ojos se cierran y su corazón vuelve a llorar. Son las secuelas, que desgraciadamente quedan a las mujeres maltratadas. Sin ninguna duda sus heridas seguirán latentes, miserablemente debajo de la piel para el resto de su vida.

 Vuelve a sonreír, a creer en el futuro e incluso, creo que ya está hasta preparada para amar. ¿Confiar? Con el tiempo, también. Ella ha sido una mujer muy valiente, supo decir basta y sabrá decir te quiero, cuando vuelva a ser el “momento”.

Y Lola se  aplicó un cuento, refrán, dicha….. “ QUERER ES PODER”.

Y así Lola, vive feliz su vida y vuelve a ser la joven alegre, muy amiga de sus amigos y fiel a sus principios e ideas. Más valiente que nunca y con más fuerza que jamás.

 

 

Nota de la Autora :

Desgraciadamente, el caso de Lola, no es un caso aislado. Miles de mujeres en nuestro país y en todo el mundo están sometidas a los malos tratos, a la violencia de género. Es un mal mayor, es un mal, que desgraciadamente todos conocemos casos cercanos, de amigas, madres, hermanas, primas, tías, vecinas…..

Yo solo una cosa puedo decir, no tengáis miedo. Hay una salida. Siempre la hay. Solo es coger la puerta e irse. Lejos, muy lejos. Empezar una nueva vida, con toda la valentía y coraje que la primera ostia os robó. Recuperarla, ¡¡POR FAVOR!! Y daros la oportunidad de ser felices y no sentiros nunca más solas. Os quiero.  Aquí tenéis una amiga, que os ayudará. SIEMPRE.

Os dejo también un número el 016. Es fácil, de rápida marcación. ¡¡NO DUDÉIS NI UN SEGUNDO EN MARCAR!!

Y aquí os dejo mi email para aquellas que necesiten una mano de una AMIGA.

d_siles@hotmail.com

Y sin más os dejo una canción que ayuda, os puedo asegurar que ayuda. Y MUCHO.

 

 

 

 

Continua, siempre continua…