¡¡Elecciones!! ¿¿Elecciones??

2CD

Hemos pasado de la Soledad, que a mi parecer siempre necesitamos de alguien a nuestro lado para ser comprendidos,  y sobre todo,  para ser amados. A las Promesas que como ya comenté, la falta de coherencia entre las personas, hace que muchas personas hablen hablen hablen, pero no sean responsables con el peso de sus palabras. Y ello me decepciona profundamente.

Y nos encontramos con el tema de esta semana, las malditas elecciones. ¡¡La farsa más grande de nuestra era!! ¡¡Lamentable y pésimo!! Dicen que es democracia, yo digo que es Hipocresía.

Candidatos

Tengo verdadero pudor de encender la televisión, de caminar por la calle, de leer los diarios o escuchar la radio. Cientos miles de mensajes subliminales u otros no tanto, que nos quieren vender que cuál de ellos es el mejor, el más conveniente, el que  “nos salvará” de la crisis, de la pobreza infantil, de los desahucios, de esa pobres familias que tienen que ir diariamente a Caritas o bien a containers porque no tienen nada que comer. ¿Y estos se creen que yo les voy a creer y  votar? ¡¡La llevan clara conmigo!! Soy una anárquica declarada y orgullosa de ello. No me creo ya ninguna fuerza política de este país. La verdad que ni de este, ni de ninguno.

El mundo en el que vivimos se ha convertido en un mundo movido exclusivamente por el dinero. Así que no son los políticos aquellos que nos gobiernan, sino cuatro ricachones que se concentran en hoteles de extra lujo, una vez al año para decidir cómo debe ir este país. Lo que una época era la figura del político, se ha quebrantado, está completamente fuera de lugar. Los políticos de ahora, todos ellos corruptos se dejan comprar por el maldito dinero. Y ellos, siguen viviendo sus lujosas vidas mientras en la calle, se respira tristeza, rabia y melancolía de algún tiempo que fue mejor. ¿Esos tiempos volverán? No lo sé. Me gustaría pensar que sí, pero los hechos son los hechos, y todo sigue de mal en peor. Nos quieren creer en un dibujo multicolor que ya hace mucho tiempo que se tornó en negro. Pero un negro que no le queda ya ni un matiz de gris.

Ya sean de derechas, de izquierdas, centralistas, comunistas o fachas, sea cuál sea su procedencia no es mejor la una de los otros. Esos spots publicitarios tan bien montados, tan bonitos pero ¡¡Tan falsos!! Solo me vienen ganas, una de vomitar y dos de cogerles de la mano y enseñarles lo que ocurre realmente en este país. Y creo que no obstante así no me harían ni caso. Porque lo único que desean es el poder en sus manos, para poder tener una jubilación bien digna, y poder escaquear el máximo de dinero fuera de nuestro país. Y así es la vida, y así es nuestra realidad.

Movidos en un sistema económico, el capitalismo, creado  en el S.XVII. ¿Perdonen? Como vamos a funcionar con un sistema que está más que obsoleto en los tiempos que estamos ahora. Es imposible mantener este sistema, cuando fue creado no es la era que estamos viviendo ahora. Una completamente antagónica de la época creada. Pero saben lo que hacen, porque no tienen ni idea de cómo resolver el problema, le llaman el “Neocapitalismo” y todos como burros diciendo amén y pensando, que ya han encontrado la solución. Pero no hacen más que esconder mierda más mierda, y más mierda al cuadrado debajo de sutiles alfombras, para que no salga a flote todo aquello que están errando. Y este es nuestro mundo. Un planeta falso, lleno de hipócritas creencias, de guerras sin sentido, y de hambre de mucha población. ¿Y ellos que hacen? Miran hacia otro lado y continúan con sus ostentosas vidas. Brrrrrrrrrrrrrrrrrrrr grrrrrrrrrrrrrrr . Disculpen mis onomatopeyas. Pero a veces mi cabeza solo puedo expresar eso. Sé  que no es muy literario, pero es mi rabia interior.

 

Lo que más me ha sorprendido esta semana…  

Debo decir con todo ello que soy una devota de Jesucristo, como personaje histórico y como orador. Y porque inculcó una serie de valores que para mí están por encima de cualquier político, partido político o cualquier cuento chino. Pienso que es una manera de vivir muy noble y muy generoso con las personas que nos rodean, sean conocidas o no.

¿Cuál es mi sorpresa? Digamos que hará como un par de años si no recuerdo mal. Me iluminó, y debo decir tal cual, me iluminó la figura de Sor Lucía. Que incluso creo que he nombrado en cualquier post, porque realmente la labor que está haciendo por miles de personas, familias y sobre todo por la pobreza infantil, hizo que enseguida me hiciera devota de ella, como si fuera una santa y le seguía todos sus pasos, por todas las redes sociales que tiene esta señora. Digo ya señora, bueno ahora os explico. El hecho está en que creía que esta señora llegada de Argentina, involucrada de manera impetuosa en nuestra sociedad, y repito en la pobreza infantil. Me enamoró. Me encandiló. Volví a creer en esa fuerza que es la fe y más aún en la bondad extrema de esta mujer que se desvive por los pobres y que hace tanto tanto bien cada día. Como ya os he comentado me robó el corazón y creí en su causa al 100%. Me hacía incluso gracia que fuera tan fanática del Futbol Club Barcelona. Una mujer que cae en gracia y es graciosa.

Repito, ¿Cuál es mi sorpresa? Ahora esta señora se pone al lado del Señorissisimo Artur Mas en plena campaña electoral. ¿Perdona? ¿Ahora la iglesia vuelve a estar metida en política? ¿Volvemos a la época de la Inquisición? ¿Qué hace una señora que ha hecho sus votos de pobreza, obediencia y castidad al lado de un líder político? ¿Alguien me puede explicar que pinta una monja en ese acto? ¿Existe algún personaje en este país que realmente sea serio con aquello que predica y luego pone a la práctica?

Amigos y amigas, cuando he visto tales imágenes la cabeza me ha hecho un pequeño Big Bang que no sabía si manifestarme, gritar o irme de este país. Al final, he optado por mi mejor herramienta. La escritura.

Señora Sor Lucía Caram, hasta ahora la había admirado como hacía tiempo que no admiraba a nadie. Pero que se posicione en política de una manera tan descarada, me parece reprochable, incoherente y lamentable. Usted hacía una labor más que bonita, era maravillosa. Incluso podía escucharla cuando hablaba de política y de lo mal que va este país, e incluso siendo anárquica como soy, la podía respetar porque su discurso era ajustado y muy conforme con lo que estaba sucediendo en este país. ¡¡Ahora sí!! Como usted dice hay libertad de expresión y que todos delante Dios tenemos la palabra. Yo delante de usted misma, no me hace falta llegar al altísimo y haciendo mi buen uso de mi blog Sin Hipocresías, le digo, le reclamo, la critico, la impugno, le contesto, me opongo, objeto y rechazo esta última postura que usted señora mía ha tomado. Decir que esta o que se sobrentienda su “enamoramiento” hacía un político, desde mi punto de vista, humilde y como de cualquier ciudadano de este planeta llamado Mundo, me parece lamentable, patético y que todo aquello que usted ha construido, entiendo, con gran esfuerzo, con perseverancia, tenacidad, constancia, empeño y firmeza, en solo cinco minutos ha destruido la fe que teníamos en usted, tantas y tantas personas. Usted es una monja y se debe a su vida y a su virtud como tal. ¿Qué necesidad había meterse en política? ¿Para tener más notoriedad? Una persona que me pensaba que su alma era pura como la de un niño. Me ha caído tan bajo que hago esta crítica pública, porque me parece realmente      PA TE TI CO.

Así que si me quedaba algo en que creer, en alguna persona como referencia en esta misma semana me ha caído otro mito. Y así es la vida amigos míos. Grandes oradores que nos comen la cabeza y las orejas con sus grandes historias, con sus grandes salvaciones y sus grandes actos. ¿Sabéis que os digo? Que cada uno de ustedes que juegan con la demagogia de tantas personas de este país se pueden  ir por dónde vinieron, cada uno de ellos. Desde el Santo o “Santa” al político y su santa madre. Sin faltar el respeto a nadie. ¡¡Pero ya estoy harta!! ¡¡Cansada, fatigada, agotada, derrotada, rota y exhausta!! ¡¡De tanta mentira!! ¡¡De tanto tráfico de influencias!! Que jueguen con el hambre y la fe de este pueblo que tanta necesidad tiene de cambios y que solo se recrean en sus ilusiones. ¡¡Que mal estamos y como nos engañan!!

Y así acabo el blog de esta semana, indignada, estafada y engañada una vez más. Miro a través de mi ventana, dirijo mis ojos hacía el cielo y rezo por un porvenir menos asqueroso que el panorama que tenemos en estos momentos.

Y os dejo con esta canción que trasmite aquello que siento y que quiero…

Continua, siempre continua … 

Las Promesas

promesas

Hemos pasado de las historias de “Pretty Woman” que nos han hecho tanto daño pero a la vez nos han hecho tan feliz, porque nos han invitado a soñar y a creer en los momentos de romanticismo extremo y precioso. A hablar de la soledad que según,  desde que prisma se mire,  puede hacernos un bien o no, lo que realmente sí  sé,  es que necesitamos de los demás para sentirnos arropados y queridos. Es bueno tener la seguridad de saber que,  alguien nunca te fallará.

Y nos encontramos con el tema de esta semana las Promesas, aquellas que hacemos, seguramente siempre de buena fe, pero que muchas veces no cumplimos por falta de palabra o por falta de hechos.

En Vivo…

Si miro al pasado, giro la cabeza un poco y observo todo lo que me ofrece la vista desde mi ventana. Intento recordar cada una de las promesas que me han hecho al largo de la vida. Tanto sean familiares, de amigos o de novios. No sé si podría enumerar todas las promesas que me han hecho, seguramente no, puedo tener buena memoria pero para recordar todas ellas sería privilegiada, y aunque querría decir que guardo tanto rencor dentro, por las no cumplidas. Creo con seguridad,  que lo mejor es no recordar y no pensar. Y tampoco soy persona que sepa guardar resentimiento hacia ninguna persona. Mi naturaleza no me lo permite.

No obstante, decir, comentar,  que no soy capaz de mantener  una inquina hacía ninguna persona, pero sí que soy capaz de recapitular aquellas promesas no cumplidas y que arraigaron en mi corazón un gran dolor. No las voy a enumerar porque esto significaría que no las he superado o bien poner el dedo señalando a alguien por el dolor que me causaron.

En lo más profundo de mí ser, cuando yo prometo o juro a alguien, sea lo que sea. Me siento tan responsable de aquello que he prometido que lo intento cumplir al 100%. Para mí la palabra es algo que tiene mucho peso, y que no se dice por decir. Una debe ser coherente y muy sensata, que si le digo a alguien algo que debo cumplir, no me lo pienso dos veces. Me arremango las mangas y me pongo en marcha para aquella persona no pueda sentir ni un mínimo de decepción por mi parte. Porque amigos míos la desilusión es un instrumento que nos invade tan feo,  que es muy  difícil de poder recuperar aquel tipo de ilusión conocida. Es como si rompemos una taza de porcelana, la podemos enganchar mil veces, pero siempre quedaran las marcas de las grietas de tal rotura. O si incrustas clavos en las paredes, ya puedes taparlos mil veces, que la señal queda para los restos de los restos.

Y así mismo pasa en el alma. Ya podemos tapar, hacer ver que no ha pasado. Podemos curar esas heridas que las promesas no cumplidas han calado en nosotros. Podemos cerrar los ojos fuertemente e intentar olvidar ese dolor causado. Podemos “perder la memoria” y pensar que nunca ha sucedido. ¡Pero si! Ha sucedido y como. Y por mucho que pasen los años, siempre habrá aunque sea diminuto o grande, dentro de nuestro ser un dolor que nos ha dejado cicatriz. ¿Por qué la gente toma a la ligera las promesas? ¿Por qué no toman en serio aquello que han prometido y se hacen cargo de ello? ¿Por qué la gente tiene tan poca palabra? Sinceramente, ¡Me cabrea! ¡¡Y mucho!! No se puede ir por la vida, diciendo cosas que sabes que no vas a cumplir, o que no se puedan realizar. Siempre pienso en lo mismo: “Más vale una verdad que duela, que mil mentiras que maten”.

Pero tristemente no todo el mundo tiene este grado de compromiso. Y al final, ya no sabes de quien fiarte realmente. Triste, pero es así.

Llega una misma a pensar que, qué más da todo… ¡¡Total si nadie cumple!! ¿Por qué yo sí? Pero luego, miro de nuevo por la ventana, veo el reflejo de mi misma, y ya sé la respuesta… Soy incapaz de no cumplir una promesa. Demasiado responsable, demasiado tonta, quien lo sabe. Pero cumplo. ¡Siempre cumplo! Si no fuera así, creo que habría un fuego en mi interior que cada día antes de acostarme, mientras duermo, cuando me levanto, durante el día seguiría en mi mente, porque no lo has hecho, porque no lo has hecho, porque no lo has hecho… Que finalmente, el no cumplir me haría cumplir. ¡¡Soy incapaz de no cumplir!! ¿Seré demasiado responsable? ¿Demasiado cumplidora? Sea como fuere, soy así, y para bien o para mal. Será así para siempre.

 

Te juro, te prometo, te garantizo…

¿Cuántas veces hemos oído estas palabras? La verdad que para mí corta o larga vida, depende del prisma que se mire, he oído estas palabras miles de veces. Y pensando en todas estas veces, que como bien he dicho antes no voy a enumerar, sí que puedo decir con toda sinceridad que creo que solo un 10% de todas ellas se ha cumplido. ¿Penoso, no? ¡¡Un desastre!!

Lo peor  de todo, y sigo mirando en mi pasado, creo que ninguna de esas personas forman parte ya de mi vida. Supongo que cuando la desilusión toca las puertas de mi sensible corazón, no puede más que mirar hacia otro lado, hacer ver que no ha pasado. Pero lo que es más importante aún, sin darme cuenta, aparto a estas personas de mi vida. Os puedo asegurar que no soy consciente. Pero lo hago. ¿Soy una mala persona por reaccionar así? ¿No soy merecedora de una tranquilidad porque la desilusión es más fuerte que yo? No me creo ser  una persona tan inquisitiva, ni tan rígida, ni tan rencorosa. Porque no lo soy. Pero cuando la desilusión me envuelve, digamos que una parte de esa esencia pura que soy yo. Desaparece. Y no es capaz de mirar de la misma manera a esa persona. No con odio. No con rabia. No con antipatía ni tirria. Simplemente esa luz que sale de mis ojos, que es la de alabar a aquellas personas que quiero. Desaparece. Se apaga. Se debilita. Y debe de ser uno muy hábil para que pueda volver a brillar. Creo que nadie hasta ahora lo ha conseguido.

Y os puedo prometer, y soy realista con mi promesa, que no es una cosa hecha aposta, ni con mala fe, ni con premeditación y alevosía. Es simplemente la reacción de una niña pequeña de cuando le quitan su muñeca favorita. Pues así me siento yo. Que cuando me quitan esa ilusión al romper una promesa. Rompen una pequeña parte de mi interior. Y eso, desgraciadamente queda para siempre. Aunque no lo piense. Aunque no sea consciente. Pero ahí resta.

 

Vuelvo a mirar fuera de la ventana…

Me veo a mí. Una chica de casi 35 años con promesas incumplidas.

Me vuelvo a mirar. He sido severa, critica, rigurosa, casi intolerante, exigente y rígida, con todos aquellos que no han cumplido promesas con mi persona.

Me sigo mirando. Me observo fijamente. Clavo mis pupilas en mis propias pupilas con el reflejo. ¿Cuántas promesas no he cumplido yo? Como si viniera un viento de más de 200 km/h, hace balancear todo mi cuerpo arriba y abajo, de izquierda a derecha.  Miro hacia el techo. Miro mi teclado. Me miro a mi misma. Yo también he sido aquella que no ha cumplido con sus promesas. He escapado más de una, de dos, y de cien veces de mí palabra que no he cumplido. Que no he aceptado, qué no he querido ejecutar. Que no me ha dado la real gana de formalizar, o como le queráis decir. ¡¡Yo también soy culpable!!

E igual que otros han dejado marcas en mí, yo he dejado en otros. No por irresponsabilidad, no por querer ofender ni por querer hacer daño. Sino porque, a veces, es imposible realizar lo que te han pedido. Así que yo misma, me apunto con el dedo y pienso. Yo no soy mejor ni peor que ellos. Simplemente soy una mundana en este mundo lleno de promesas incumplidas. Lleno de verdades a medias y de falsos deseos. Y solo cuando una misma, en este caso yo, es capaz de apuntarse con el dedo a sí misma, se da cuenta de cuanto dolor podemos haber causado sin darnos cuenta. Y la verdad, no me siento orgullosa de ello. Seria por juventud, por necia, o por no pensar, pero soy tan culpable como aquellos que han dejado cicatriz en mí.

Así que solo puedo mirar otra vez a través de la ventana, respirar hondo, y pensar que mi responsabilidad también está en los hechos incumplidos por mi parte. Y solo querer y desear, que me perdonen, como yo he podido perdonar.

Al fin y al cabo, como dice la canción de esta semana, “Todos somos hijos de Dios”, por lo tanto, todos nos equivocamos y somos humanos, nos somos perfectos, y aunque luchemos para ser mejores, a veces, nos equivocamos, y no somos capaces de cumplir, nuestras promesas.

Continua, siempre continua …