El Ser Mujer ….

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Photo by Lola Siles

Hemos pasado de estar paseando y darnos cuenta que hay millones de personas a nuestro alrededor y no somos conscientes de sus historias, de sus vidas, y solo que miráramos un poco más “allá” nos podríamos encontrar con maravillosos seres humanos que seguramente nos podrían aportar tanta riqueza en nuestra existencia. Y hemos pasado a historias de niños, del “volver a nuestra infancia”, de ser un poco “pequeños” aunque si ya somos grandes. Nunca está de más el volver a jugar un poquito y reír con esa inocencia y esas ganas que solo cuando eres un niño sabes hacer. Hay que saber recordar, y hay que saber “jugar”.

Y nos encontramos con el tema de esta semana. El ser mujer. Me podéis tachar de feminista, de que al ser mujer voy a poner a parir a los hombres. Nada de eso. Sólo quiero que muchas de  nosotras nos volvamos a sentir esa pieza clave, y para vosotros hombres, que respetéis a la que está a vuestro lado, la que os mima como madre, la que os apoya como hermana, la que os ama como mujer, la que os ríe como amiga.

 

La sencillez…

No sé cuántas mujeres conoceré en el mundo. La verdad que nunca me he parado a contar, soy consciente que conozco mujeres desde aquí al lado de casa, Sud América, Iraq, Japón, Rusia…  ¡Vamos que medio hemisferio me lo conozco! Tengo relación con cada una de ellas, y cada una me aporta algo diferente, y sobretodo,  me ayudan a crecer como persona y ser mejor humana, en este mundo lleno de tiburones hambrientos.

Pero de todas las cosas, características, ideas, formas y pensamientos, lo que más me llama la atención de una mujer es su sencillez. Pensareis que bobada, que estupidez. Pero para mí el ser mujer, y es una opinión completamente subjetiva, y que seguramente no cumplo con el requisito, es que una mujer debe de ser sencilla.

Todas aquellas que han llamado mi atención, e incluso porque no admitirlo, he querido ser como ellas, han sido las mujeres más sencillas. Es una contraposición, porque dentro de esa simplicidad se entreveía una complexión más allá de lo que la visión puede alcanzar. La mujer, y para mí la mujer que más admiro sin duda, es aquella que tiene mil encantos entre ellos esa naturalidad innata, pero que no la hace pesar, no la hace ver, es un don que se le ha otorgado por una divinidad superior, y sin hacer mal uso ella se comporta así, seguramente sin darse cuenta de ello. Toda luz, color, tonalidades, sonrisa, mirada, sonrojada, simple, bella, discreta, viva… Digamos que es esa mujer que nunca quiere ser el centro de atención, que prefiere quedarse en la recamara, pero nunca se sabe el por qué, pero acaba siendo el interés, la curiosidad, la escucha y la observación de todo aquel que está cerca de ella. Una “Diosa” en la tierra, un ser humil pero curado, una mitificación por mi parte de una mujer de este tipo de calibre.

No pondré ejemplos, porque como bien os he dicho es algo muy subjetivo, pero seguro que os vienen mujeres de este tipo a la cabeza, y cuando pensaréis en ella ahora, seguro que será de otra manera. Es todo lo opuesto a mil joyas, es todo lo opuesto a tres quilos de maquillaje, es todo lo opuesto a una mujer extra provocativa en vestiduras. Es una mujer sencilla, y con ello, me quedo con su grandeza que sin duda, yo admiro tanto. Como dice el refrán, “En lo menos está el más:”

Contra más corre …   

A parte,  que me llama la atención de una mujer es, su sencillez. También hay que venerar, y pienso que mucho más, ya que una es innata y la otra es esfuerzo puro. Una mujer puede ser sencilla y bella, pero le han otorgado esa dote, lo hace sin pensar. Pero la mujer que contra más corre, difícilmente le viene reconocido tal esfuerzo.

La sociedad queramos o no, ha cambiado. La mujer podemos decir, bueno, aseguro, que es exactamente igual que el hombre. Aunque si socialmente aun no nos es reconocido. Y tenemos que vivir con el esfuerzo constante, de tener que “demostrar” que somos exactamente iguales, y que nosotras  ofrecemos  los mismos dotes de inteligencia, de liderazgo,  de creatividad, de profesionalidad, etc etc

¿Pero sabéis lo peor de todo? Que la mujer contra más corre para ser igual que el hombre más se aleja de su virtud de ser mujer. Que quiero decir con esto, para que no suene machista, ni impropio de estos tiempos. Si os figáis en las mujeres de altos cargos directivos y que hacen carrera en el mundo laboral, se vuelven medio “machos”, medio “varón”, etc. Es como si para poder triunfar te tuvieras que convertir como ellos. Sino no te valoran. Pensareis que es una idea un poco retrógrada, carca, rancia y atrasada, y con más inri, que provenga de una mujer. ¿Cómo os lo explico?

Las mujeres somos geniales por aquello que somos, que es ser mujeres. Tenemos unas dotes, como la feminidad, nuestro propio lenguaje corporal, nuestra sonrisa conmovedora, nuestra mirada atenta, etc etc. Tenemos mil y un encantos, pero parece que cuando una tiene que hacer carrera, que aquella mujer que contra más corre, más deja de ser mujer. Yo las admiro profundamente, se hacen cargo de hijos, la casa, el trabajo, sin duda son superwomans, pero no por ello deben dejar de ser aquello que son, mujeres. Porque nacimos con esta dote, y nunca vamos a ser como ellos, no porque no podamos llegar a nuestras metas, sino porque simplemente somos diferentes, y nunca una mujer para llegar a triunfar en la vida, debe de dejar de ser mujer. Es más se tiene que reafirmar como mujer, y con todo el poder del mundo, no dejar nunca ese ser tan precioso como es ser una dama, una señora, una doncella, una fémina, una compañera…

Así que mujeres amigas, no porque más que corráis debéis perder vuestra esencia vital de ser lo que sois, mujeres. ¡¡¡Arriba la feminidad!!!

Su esencia …

Con  todo lo que os he hablado hoy, ya podéis entender sin mucha más explicación la esencia de ser mujer. Esa esencia que no hacen falta palabras, con un solo gesto de las manos tocándose el pelo, con un contonear al caminar, con una media sonrisa entre susurros, con un mirar mucho más allá de una apariencia física.

La esencia del ser mujer, y yo me considero muy mujer, es todo aquello que nuestro compañero de viaje,  que es el hombre,  admira de nosotras y les hace perder la cabeza. Y es ese nuestro poder. Podemos trabajar más que nadie para llegar a lo más alto, podemos tener nuestra simpleza como esencia, podemos correr cada día para llegar a todo, pero sobretodo nosotras tenemos algo que ellos nos tienen, y es el ser mujer. Somos almas puras y bellas, y así nos consideran ellos, Diosas en la tierra capaces de estar en todo y siempre con una sonrisa.

¡Amigas y amigos! La mujer es grandiosa porque así nos han hecho,  hemos crecido y nos hemos formado. Pero somos lo más grande de la existencia. Podemos dar la vida, regalamos amor incondicional, nutrimos a nuestros pequeños y amamos con locura a los mayores. La esencia de ser mujer es muy grande, y ni por un trabajo, ni por un “cabrón”, ni por nada ni nadie debemos cambiar esto.

¡¡Somos mujeres!! ¡¡Generosas, amantes, compañeras, sensibles, incondicionales, plenas, energéticas, llenas de amor, fuertes, grandiosas en todo lo que hacemos, gloriosas,…!! Y por último una sola cosa puedo decir… ¡¡Viva la madre que nos parió!!

Nota de la Autora:

Con el post de esta semana no quiero parecer ni machista ni feminista, sino simplemente “lo que es del Cesar es del Cesar”. Con ello que quiero decir, que yo siento extremadamente orgullosa de ser mujer y por nada del mundo cambiaria. Con este post quiero reconocer la grandeza de las mujeres, muchas de ellas sin que se den cuenta, y quiero constatar que para hacer grandes cosas en la vida no hace falta parecer un hombre, sino una ser simplemente como es, una mujer. Y con ello me despido, diciendo que somos grandes por todos nuestros atributos pero somos más grandes por todas nuestras verdades. ¡Hasta la semana que viene!

Continua, siempre continua ….

El Volver a la Infancia… ¡¡Volver a Ser Niños!!

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Photo By Lola Siles.

Hemos pasado de a darnos cuenta que hay mucho más detrás de las personas que tenemos cerca, como vecinos, compañeros, … Para poder levantar la vista y pensar que hay mucho más que ofrecer al mundo y este a nosotros. A la historia de esta semana. El volver a ser niños.

Parecerá una tontería o bien una necedad. Pero en lo más profundo de mí ser, sé que aun necesitamos del sentir de esa esencia pura, sana y alejada de la maldad de este mundo.

Aquellos maravillosos años…

Recuerdo con tanta nostalgia esos veranos que se hacían eternos. Con los amigos de la urbanización. Cada día era una aventura diferente. Ninguno se parecía al anterior. Esas cabañas en medio de un pequeño monte. Las cuevas “peligrosas” que nos hacían imaginar mil historias diferentes. Esas “gym-cama” por las diferentes casas, como verdaderos pasajes del terror. Esas eternas mañanas en la playa cuando la emoción era encontrarte el grupo de “chicos” y que nos pegaran un par de miradas. Esas noches interminables contando cuentos o simplemente unidos por el mero hecho de estar unidos. ¡¡Que veranos aquellos!! Tampoco había tanta diferencia al invierno.

Recuerdo perfectamente el primer día de colegio de cada año. El primer día para era como un sentimiento de emoción exagerado. Con todo preparado correctamente. La maleta nueva. Los cuadernos. La olor a libro apena abierto. Esos forros interminables que siempre quedaban esas malditas bolitas de aire, que con una aguja muy cuidadosamente la vaciabas. Ese ánimo desmesurado por verte con los amigos de la escuela que en tres meses no habías sabido nada y todo eran hazañas increíbles que por días nos tenían entretenidos. ¡¡Que grandeza el ser un crio!!

No puedo olvidar esas series que nos mantenían con los ojos pegados al televisor. Mi generación la del 80, vivida en un continuo transcurso de información, de un avanzar tecnológico, social… ¡¡Que recuerdos!! Heidi, El equipo A, Mac Giver, Arale, Bola de Dragón, Mazinger Z, El coche fantástico, El príncipe de Bel Air, Alf, Salvados por la campana, Aquellos maravillosos años, Sensación de vivir, etc. Etc. Etc. No podría parar de nombrar mil series. ¿Os acordáis? ¡¡Estoy segura que sí!! Y seguro que os vienen a la mente mil más. La verdad es que no pararía de nombrar. Porque cada una de ellas hace que esboce una enorme sonrisa en mi rostro, con media lágrima de alegría de nostalgia, de melancolía. Uno no puede más que emocionarse cuando recuerdo esos momentos de la infancia.

Todo era alegría, juego y cero preocupaciones. Recuerdo que solo deseaba hacerme mayor para que pudiera hacer aquello que me apeteciera. Ahora solo pienso que ojalá pudiera volver a esos remotos tiempos.  ¡¡Que bella es la vida, cuando menos te das cuenta!! ¡¡Lo que daría yo por volver a esos estupendos y fantásticos años!!

El trabajo, la madurez, las responsabilidades …

Sin duda, debemos avanzar. Y de eso no me cabe la menor duda. Avanzar es crecer, crecer es evolucionar, y evolucionar en cierta manera de hace un poco más sabio.

Pero sin duda, vivimos agobiados por el trabajo, nuestras responsabilidades, la familia, los hijos, … Todos ellos seguramente nos convierten en mejores personas, o no. Más responsables, o no. Más maduros, o no. La verdad que no sé  qué es lo que nos sucede cuando nos convertimos en personas adultas. Dejamos muchas veces de reír. Nos volvemos serios. Autoritarios. Centrados solo en el hecho de ganar siempre más dinero. Ya no jugamos. Nos centramos la vida de casa al trabajo, del trabajo a casa. La rutina es nuestro ser diario. Que hace, que poco a poco, es niño, jovial, divertido, sonriente, un poco “gamberro” y tan juguetón, cada día se va convirtiendo en una persona más seria que ríe de vez en cuando, que solo se centra en su persona la mayoría de las veces. Que no sabe encontrar la esencia de la vida, esa de que cuando eres una criatura, un peque, un mocoso o un chiquillo, que tienes esa santa inocencia y la gran curiosidad por continuamente descubrir miles de cosas ¡Y contra más mucho mejor! ¿Qué nos ha pasado? ¿Ser adulto implica volverse severo y aburrido? ¿Qué hay de malo en la esencia del volver a ser un poco pequeño? ¿Por qué nos olvidamos de jugar y de curiosear? Tan cruel es la madurez que no nos permite de “descansos” livianos para volver a ser un poco chico, chica… ¿De verdad?

Mi blog de hoy …

Mi blog de hoy lo dedico a todos los adultos que me estáis leyendo. Os invito a jugar de nuevo. A levantarse cada mañana con la ilusión que un día lo hicimos y que por culpa de la rutina cada vez estamos más y más malhumorados. ¿Qué estáis hartos de vuestros trabajos y de vuestra vida? ¡¡Jugar con la vida!! Poneros a la prueba a vosotros mismos, y si hay algo que no os gusta cambiar. ¡No estáis obligados a hacer lo mismo para el resto, de los restos, del nunca jamás. Acordaros de Peter Pan. En nuestros fondos todos deberíamos tener un poco de él aun dentro de nosotros. Como os lo que os comentaba, si ya no os motiva vuestro trabajo, o según que labores que tenéis en vuestra vida, solo dentro de ustedes mismos hayáis con la solución. Nunca es tarde para aprender cosas nuevas. Nunca es tarde para estudiar aquello que siempre os ha apasionado. Nunca es tarde para “volver a jugar con la vida y poneros a prueba”. ¡¡No lo dudéis!! Tener presente, “renovarse o morir” .

Desde hace un tiempo me puse a prueba a mí misma. Los resultados fueron bastante positivos. Desde hace un tiempo que juego con la vida. Desde hace un tiempo que vuelvo a ser un poco “gamberrilla” (en el buen sentido de la palabra claro). Desde hace un tiempo que se reír de todo sin importarme lo que puedan pensar las personas. Desde hace un tiempo que “Campanilla” vino a mí. Desde hace un tiempo que salto por la calle, bailo en medio del salón y canto continuamente como si fuera un “Pop Star”. Desde hace un tiempo que ya no me importa hacer el ridículo si así me siento un poco baby. Desde hace un tiempo que grito como si estuviera jugando a “Un, dos, tres pica pared”. Desde hace un tiempo que vuelvo a mirar los dibujos animados. Y desde hace un tiempo, me di cuenta, que el tiempo es muy corto, que la vida corre demasiado y que no hay segundos que perder. Desde hace un tiempo que vuelvo a ser niña. ¿Queréis jugar conmigo?

Continua, siempre continua …

Estuve Paseando ….

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Es inútil que empiece como normalmente lo hago ya que después de más de dos meses sin escribir, por mucho que os ponga en materia poco sirve. No voy a explicar del porqué de mi ausencia, ya que sinceramente ni interesa ni a muchos ni a pocos, simplemente ni yo misma sé el por qué y si así fuera, como dice la canción de Alaska “A quién le importa lo que yo haga”…

Parece que empiezo de nuevo con vosotros,  de una forma o  modo,  un poco enfadada, molesta o disturbada. No es esa mi intención, quizás en una excusa para entrar de algún modo hacía vosotros aunque no sabiendo bien cómo hacerlo. El tema de esta semana tiene mucho que ver con las personas y en cómo se está convirtiendo nuestra sociedad. No solo la nuestra sino la de casi todo el planeta.

Sentada en un banco…

Era un tarde, sobre las seis, en este pérfido verano. Decidí después de un largo día de trabajo y estrés acumulado,  sentarme en un banco delante del mar, a escuchar el suave rumor que me regala los oídos el vaivén de olas, a veces imperceptible  pero tan real como la vida misma. Observaba como cogían forma desde los lejos hasta romperse en la orilla. El color del verano. La multitud envuelta en miles de colores, rojos, verdes, amarillos, azules, naranjas… Visualizando así un montón de extrañas vidas con sus alegrías y problemas y yo lejana de cada una de esas personas. Así que me propuse hacer un ejercicio.

Inicié a mirar las personas que pasaban delante de mí, por ese paseo marítimo. Gente de todas las edades, niños, adolescentes, jóvenes, adultos, ancianos… Parejas, solitarios, familias… La verdad  que sentarse a observar cómo pasan por delante de ti cientos de personas,  te das cuenta de la multitud de hombres y mujeres, que están cerca de ti. Y tú ni siquiera te has dado cuenta. Ni siquiera te preocupan sus vidas,  ni que hacen, ni si sufren en el camino de su  vivir.

Así que con atención miraba cada una de las personas e imaginaba su historia. Su cuento. Su relato. En cierta manera al contemplarlas un poco más de cerca, me sentía parte de ellos. Que en cualquier momento me podía levantar y hablar, y tener una conversación de lo más tranquila y sosegada. Me daba cuenta que hay tanto que aprender de los demás, y en cierta manera al estar  sentada delante de todo aquel espectáculo que se llama humanidad, sabía que yo era una más de ellos, y aunque si nos pudiéramos rozar, siempre seriamos desconocidos. No obstante, al tener tal cercanía todo parecía más liviano, más sereno. El pensar que no estoy sola en el mundo y que puedo siempre contar con alguien. Una sensación extraña que yo misma había buscado al sentarme en aquel banco.

Cogí una bicicleta…  

Sumergida en el mundo de las personas, me di cuenta que al coger la bicicleta, en cierta manera estaba cogiendo distancia a los transeúntes.

Estaba en medio de ellos, pero no del todo. Aún apreciaba el hecho de que estamos en este mundo para compartir, y que realmente lo que es la soledad es una ligera idea que muchas personas dicen que se sienten cómodas, solo por la mera razón de que no pueden admitir que realmente sienten la necesidad de los otros. De un abrazo, de un sutil roce, de una caricia, de una sonrisa, de una mirada de complicidad, de esas que cuando la recibes piensas… ¡Estoy en casa! ¡Me siento a salvo!

Como os he dicho, no obstante la cercanía de todos aquellos individuos que formaban parte de mí ser por compartir el mismo espacio, pero con la velocidad era como si en cierta manera escapara de cada uno de ellos.

Seguí un buen rato dando vueltas en un absurdo entender del por qué cada vez las personas están más distanciadas y por qué este mundo se rige por puro y real egoísmo. Me preguntaba donde habían acabado todos aquellos valores que una vez me fueron impuestos, que luego los entendí y después los puse en práctica en mi vida. ¿Qué sería de todos esos sujetos entrelazados compartiendo espacios y no obstante ignorados los unos por los otros? No supe encontrar respuesta.

Mi amada moto …

Sinceramente, no soy una que le agrade el pasear ni el ir en bicicleta. La sensación que tengo cuando voy con mi Vespa, es de libertad, tranquilidad. No me fijo en las personas que andan por las calles de la “ciudad comtal”, ni observo si algo puede ser positivo ni negativo. Simplemente soy yo delante de mi propio destino, de mi propia suerte.

Después de haber pasado esa tarde reflexionando del porqué de las personas y de este mundo que se está volviendo cada vez mucho más autista, solitario y lleno de desconocidos. Por poneros un ejemplo os diré. En una época yo recuerdo cuando era pequeña que en los pisos donde vivía, éramos todos conocidos. Y si necesitábamos algo, como la sal, que vigilase al crio por un momento, si tenían que salir los adultos siempre había alguien en la cercanía que sin ningún tipo de pudor te echaba una mano para cualquier problema. ¿Hoy en día? No sé quien vive en mí mismo bloque. Máximo el vecino de al lado, pero que por supuesto no me permito de las licencias que una vez eran nuestro pan de cada día sin ninguna premura. ¿Cómo hemos llegado a tal nivel de individualismo? ¿Internet? ¿La información? ¿La excesiva comunicación por parte de los medios? ¿El sin límite? ¿La falta de compromiso? ¿La falta de empatía? Quién lo sabe, y quizás si…

Lo único que era capaz de percibir mientras iba en mi moto era el hecho de que solo pensaba en mí, en mis problemas, en mis cosas, y que no sentía ni la más mínima curiosidad ni por nada ni por nadie. ¿Estaría convirtiéndome yo también en un ser humano, individual sin la capacidad de sentir aprecio por nadie?

En ese momento, no supe que pensar. Seguí conduciendo hasta llegar a mi destino.

Estuve paseando…

Después de aquellos días de reflexiones un poco en el aire, sin mucho sentido en aquel momento pero que me inquietaban del pensar que la sociedad de verdad se estaba convirtiendo en verdaderos zombies. Cuerpos sin alma, que la mayoría de las personas pasan por la vida, y digo pasan de una manera completamente severa e incluso incisiva, no se molestan en preocuparse ya no solo por los demás sino por ellos mismos que sin ningún tipo de motivación viven sus vidas vacías y sin ansia de curiosidad, de conocer y crecer. ¿Quizás estas personas sean más felices que yo? Seguramente sí. La indiferencia por todo aquello que te rodea es una carta de fácil jugada. Siempre ganas la mano. No te pones ni las preguntas y aun mucho menos las respuestas. Vives en este hemisferio pensando que llegue el fin de semana para meterte en un puto centro comercial, a pasar las horas como monos dentro de una jaula. O esperas las vacaciones para irte al mismo, exactamente el mismo pueblo que durante 20 años has frecuentado. ¿Dónde está curiosidad del conocer?

No obstante todo esto, no es lo que más me preocupa. No es lo que hace que mi corazón palpite con una fuerza distinta. Al fin y al cabo, tiene que haber gente de todo tipo. Y esto es una realidad, un hecho, nuestra existencia reducida. Aquello que me hace vibrar mi ser, es en el tipo de personas que nos hemos convertido. Antisociales, individuales, sin ganas de compartir, sin ganas de conocer, desconocidos que comparten una misma plaza de territorio y que seguramente por años no son ni capaces de decirse ni siquiera un buenos días ni siquiera un simple y triste hola. Y no digo simple y triste hola para menospreciar la palabra, sino por la reducción del intercambio en el cual hemos llegado. Una grande y lamentable tristeza.

Estamos todo el día conectados al teléfono móvil, Whatssap, Facebook, Twiter… No obstante parecer en cierta manera, que hay un continuo establecimiento de la comunicación entre personas es una triste y lamentable realidad, porque nos hemos olvidado de cogernos de la mano. De mirarnos a la cara y a los ojos mientras hablamos. Porque nos olvidamos de decir que amamos a aquellas personas que tenemos cerca. Porque no somos más que desconocidos que comparten un mismo planeta, que nos preocupamos más quizás de aquello que sufren aquellos de allá, en vez de sentir compasión por aquellos que tenemos en el piso de abajo. Aquellos que vemos constantemente en el tren, en el metro, en el autobús… Todos estamos con la cabeza centrados en el móvil, sin la conciencia de que puede haber un mundo mucho más pleno, más satisfactorio y lleno de emociones, cuando con un simple gesto levantamos la cabeza de mirar nuestro smarthphone, y quizás veamos a una persona que te mira, te lanza una pequeña sonrisa, y quién sabe si después de eso puede nacer una amistad, amor, pasión, …

Me doy cuenta que contra más rápido gira el mundo, contra más avanzamos y vamos creando un mundo casi perfecto para nuestras comodidades. Estamos a la vez, creando un mundo vacío, sin comunicación, sin emoción, falto en amor, falto en comprensión y sobretodo falto en relaciones sociales. Aquellas que una vez te ayudaban a crecer y a conocer, o simplemente, al tener una tranquilidad del saber que nadie te fallará.

Todo esto ha cambiado por un mundo, sin ser mundo, y por una humanidad sin ser humana.

Esta semana os dejo un video emocionante, vivido y sobretodo, en un creer que aún tengo fe en la humanidad.

Continua, siempre continua …