Te adoro en la cama, te odio en la vida

26991621_211794959384271_339988675639003781_nLlegados a este punto en la vida, ¿cuántas cuestiones ponemos encima de la mesa ante una relación sentimental?

Ya no tenemos ni veinte, ni veinticinco, los treinta pasados y los treinta y cinco que nos dicen adiós.

Llegan las pajas mentales de cuando nos acercamos a los cuarenta. ¿He conseguido aquellos objetivos que me propuse con veinte? ¿He tenido las parejas necesarias para entender lo que realmente necesito en mi vida? ¿Es el momento de tener pareja estable? ¿Ya estoy preparada para tener hijos? ¿Estoy a unos pocos pasos de los cuarenta y mi reloj biológico grita más que nunca? ¿Los papeles sociales nos ayudan? ¿Tenemos qué hacer lo que nuestros padres hicieron? (Aunque si la mitad están divorciados). ¿Es verdad que cuando encuentras la horma de tu zapato va todo rodado? ¿Cuándo llega el momento de decir basta?

A quien no le han venido mil preguntas de estas en la cabeza en el último periodo. Es el mal del soltero. Conseguimos nuestros objetivos. Viajamos. Tenemos lujos. Podemos tener lo que nos apetezca y más. La mercancía es fácil de conseguir. Ya no hay juegos de conquista. Ya no hay más cortejo, ya no existe nada más, que, nada.

Quedamos… unas birras… si las birras van bien… una cena… si la cena va bien… copas, y si las copas van bien, acabas liada en medio, de sábanas de algodón from Ikea, clamando entre orgasmos un poco de cariño y afecto. Porque al fin y al cabo, ¿qué queremos las personas? Están las simples capulladas del príncipe azul y estas idioteces que desde pequeños nos han inculcado. Pero no es así.

¿Quién ha encontrado un príncipe azul? ¡Nadie! Hemos encontrado personas, personitas, personajes, símiles a nosotros, que nos podían hacer la vida, “relativamente”, más cómoda. Que mediante hipócritas palabras, que tontas nos las creemos todas, caemos, y sabemos el porqué, pero, seguimos cayendo en telas de araña, que nos las conocemos mejor que bien, sus trucos y sus falsos juegos de conquista… ¿Pero por qué seguimos cayendo? ¡Porque seguimos creyendo en el gran gilipollas y estúpido príncipe azul! Y esto, nos sirve, tanto para hombres como para mujeres. No hay, ya, excepciones.

Es que tengo una amiga que todo le fue tan fácil… ¡Cómo vuelva a escuchar la historia de una amiga que todo le fue tan fácil soy capaz de matar a mi amiga! Porque la historia, no está que a ella la vaya fácil, la pregunta principal y que nos olvidamos hacer constantemente es ¿qué queremos nosotros realmente? Y es ahí el gran qué de todas las cuestiones. Tenemos una educación más que retrograda, los convencionalismos nos pueden, son superiores a nuestras propias ideas y vivencias, creemos en una evolución que no sabemos ni llevar a la práctica. Siempre están los típicos casos: el gilipollas que es gilipollas que solo lo aguanta, una que quiere soportar, la mandona que parece hombre al lado de un cojonero, la sumisa por educación, el capullo por devoción, los cuernos vuelan como boomerang, y así una larga lista de relaciones insufribles. Que con ello, no digo, que todas las relaciones sean un desastre. ¡Para nada! ¿Dónde está el límite del amor con la comodidad? ¿Cuánto es el miedo de envejecer solos? Digamos las cosas como son, a nadie le apetece tener setenta u ochenta años, estar solo en el sofá y ver que a tu lado no hay nadie. ¡Sí! Has construido una vida de éxito, has trabajado y has conseguido lo que la media desea (porque al fin y al cabo, en esto también hay que ser conscientes que la mayoría quiere una vida mediocre. Y no hay nada de malo en ello. No todos podemos ser Einstein y no todos son Homer Simpson) .

¿Pero de qué sirve tener éxito si no lo puedes compartir con alguien que te ame realmente? ¿Para qué tener éxito si no tienes alguien al lado que te valore por la persona que eres y no por lo que has logrado? Que te mire tiernamente y te diga: “Cariño eres él/la mejor, y estaré contigo para lo bueno y lo malo”. Demasiado romántico, lo sé.

Pero ahora es cuando llegamos al conflicto en nuestras vidas. Hemos “madurado” encontramos a alguien realmente estupendo, gentil y generoso… En el momento que te tiene que llevar a la cama. Sexo, genial. Sincronía, perfecta. Buen ritmo, buen feeling. Fuera de ella. Un desastre. ¿Qué nos está pasando?

¿Te puedo adorar en la cama y odiar en la vida?

Los de la ley de la atracción dicen que es aquello que deseas. Los espirituales que es cuestión de karma. Los psicológicos que es una relación tóxica. Y los conformistas, que tendrías que sentirte más que afortunado por tener al menos esto, buen sexo. ¿Es tan complicado tenerlo todo? ¿Tan blandengue y gilipollas se está volviendo la sociedad? ¿Somos todos unos cojoneros de tres pares de cojones? Y perdón por la redundancia.

¿Tan solitarios nos hemos vuelto que somos incapaces de compartir? ¿Es tan real como cierto, que los roles de hombre y mujer han cambiado por completo? O… ¿buscamos en nuestra pareja nuestras propias carencias? Es que cuando era pequeño necesitaba más amor y me faltó… Es que cuando era pequeño los del colegio no me valoraban… Es que cuando era pequeño no me sentía como los otros niños… ¡Gilipolleces! ¡Gilipolleces! ¡Gilipolleces! Ya somos todos bastante maduros, para superar lo que nos pasó en la infancia, en la adolescencia, cuando empezó nuestra edad madura, o incluso, cada uno de los desastres de nuestra madurez ¡por favor! Somos personas, que nos valemos por sí mismas… ¿Cómo podemos ser tan complicados? ¿Cómo podemos ser tan ñoños?

Y la verdad es, para mí, obviamente, que nadie quiere tomar realmente las riendas de su vida, y que nadie tiene los cojones de decidir. Nos hemos vuelto personas, sin valentía, sin ardua, sin coraje para decir, voy a delante, pese a quien pese, nadie es perfecto, nadie es un diez. Todos estamos llenos de defectos, y cuando uno, empieza a aceptar que puede ser criticado y no siempre querido. Cuando uno respira y en vez de gritar, habla. Que en vez de llorar, afronta. Los problemas, amigos míos, son menos. La vida más bella, y te das cuenta, que para lo que queda en el convento te cagas dentro. Y no es a mala fe. Es en el sentido, que ya no somos unos niños, y que ya somos mayores para poder comportarnos como tal.

Y lo que quiero contaros hoy, es que simplemente, es imposible adorar a alguien en la cama y odiar en la vida. Al menos, para mí lo es, sería demasiado estresante y surreal como concepto. Donde nos ahogamos, y no sabemos cómo afrontar, es lo que deseamos realmente en nuestros caminos, y a partir de ahí, tirar millas. Y para ello, no se necesita mucho trabajo, solo saber aceptar los propios limites y vivir en paz con ellos. ¿Qué quieres pareja e hijos en tu vida? ¡Pues adelante como los de Alicante! ¿Qué quieres ir de flor en flor toda la vida? ¡Sé honesto con aquellos que te encuentres! ¿Qué no sabes lo que quieres? ¡No sufras, lo acabarás sabiendo!

Y así amigos, son las cuestiones de cama, solo falta enrollarte entre sábanas de locura, no pensar demasiado en la vida, disfruta de cada momento como si fueras un niño, pero feliz, y… ¡a seguir volando!

Continua, siempre continua…

DSO

¿Qué quieres que te cuente?

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Empecé este blog en octubre del 2011, han pasado ya unos largos y entretenidos seis años, y un poco más… Después de seis años, exactamente y sin ser consciente, en octubre del 2017 publiqué mi primera novela… Y ahora, me siento de nuevo, delante de vosotros, para seguir con las historias de Without Hipocrisy.

Revisando, todo lo escrito… en 2015 dejé de publicar y de compartir. Sin duda, algo de mí cambió en ese momento, que por cierto, ya he recuperado, y lo tengo a buen recaudo, en mi cajón más secreto, para así, no perderlo nunca más. No obstante, todo, durante los años que estuvo activo el blog, dejé reflejado tantos pensamientos, historias, opiniones, formas de ver la vida, críticas, alabanzas, de todo y más… Y releyendo todo, me di cuenta de:

Ya no soy la chica que empezó un blog, soy una mujer que escribe un blog.

No soy aspirante a escritora, ya soy una escritora.

No estoy en la cama soñando, cada día vivo cumpliendo sueños.

No creo que puedo, sé que puedo.

Y así, haría una larga lista de sensaciones, sentimientos y hechos, que han pasado a ser “algo” , a una realidad. Mi realidad. Mi vida. 

 

¿Qué quieres que te cuente?

En estos tres años de pausa, he viajado, he publicado mi primer libro, he crecido como persona, doy un valor diferente a las cosas. Soy, sin duda, otra persona, pero, con la misma esencia canalla, atrevida, directa, descarada, sin pelos en la lengua y sin duda Without Hipocrisy.

No podía volver, sin contaros un poco de mí, y creo, que sobretodo, no podía volver, sin ser yo, otra vez.

No podía presentarme con un post, como si nada hubiera sucedido, tres años, no son moco de pavo, acontecen mil cosas. Pero, lo más importante, lo especial, y único, es que en este largo camino no solo he evolucionado como persona, si no también, como escritora. Os daréis cuenta, al leer los viejos post, y los que vendrán.

Me doy cuenta, que estoy adornando este escrito como puedo y más, y que en esencia no os estoy contando mucho… Pero, cada cosa, a su tiempo.

Solo quiero, que sepáis, que he vuelto, que esto a partir de ahora va a ser un sin parar, que os preparéis para vivir intensamente y con profundidad Without Hipocrisy. No solo, os voy a remover toda vuestra cabeza, vuestro corazón, vuestra alma, todo lo que pueda y más, para que el placer de la lectura se vuelva una adicción, como lo es para mí (como la escritura, como bien sabéis). Os preguntaréis, ¿es verdad lo que cuenta esta chalada? ¿tendrá razón? ¿hemos de ser todos un poco canallas? ¿realmente las personas son así? ¿el mundo esta al revés? ¿todo va mejor o peor? ¿crisis de valores? ¿amores frustrados? 

Vosotros sois mi constante inspiración, mi alimento de creatividad y la verdadera esencia, del ¡porqué soy escritora!

No adorno, con más palabras mi vuelta, solo puedo decir que estoy más feliz que una perdiz, sonrío solo con la idea de compartir más experiencias con vosotros, y como bien sabéis…

 

Continua, siempre continua…

DSO