Érase una vez…

Érase una vez, una chica que acababa de cumplir años y pedir deseos. No pasó más de una semana que todo aconteció…

Después de una largo viaje a su amada Toscana, volvió a su tierra, allí donde la vieron nacer y crecer. En sus deseos, sin duda alguna, estaba el encontrar su desastroso pero tan gallardo amor. Es una contradicción, lo sé.

Sigamos. Como siempre la espera fue insoportable, las dudas eran razonables. Pero el deseo de verlo, sentir su olor, sus castos besos, su sensibilidad y sus bromas poco entendidas, podían más que la racionalidad absurda de un alejamiento para siempre, y el olvidar, lo que tanto dolor un día causó.

Así que con coraje, y valentía, aprendió la joven mujer, endeudada hasta las cejas por amor, de una vez más, arriesgar todo por él.

Las horas antes del encuentro, fueron insufribles, insostenibles hasta incoherentes. Madrugó como nunca, y cogiendo el toro más bravo por sus luchadores cuernos, fue para adelante. No sabía que pasaría, pero sin duda alguna, a si misma, se lo debía.

Y allí, en una estación de tren estaba de nuevo él. Con su sonrisa pícara, y con el nunca que saber qué hacer. Los minutos fueron tensos, ella no podía olvidar y él quería que olvidase. Los minutos fueron horas…

Y ahora aquí, cerca de él siento que vuelvo a nacer. Me hace falta. No lo puedo evitar.

Es como David contra Goliat. David era pequeño, para mí Goliat es el amor que está en mis entrañas y por más que luche, siempre me vence. Pero esta vez, me siento vencedora. No porque tenga la propiedad de nadie, si no porque siento, que podemos hablar y decir, lo que pensamos sin miedo a nada. Los dos hemos vencido, al mal Goliat del amor, quedándonos solo con Eros.

Seguramente, este camino, y no seguramente, si no confirmo. El camino ha sido complicado y arduo, aún nos queda tanto por escribir… Pero puedo decir en voz alta, serena y más enamorada que nunca, que los reencuentros son maravillosos. Vuelas. Te encuentras en mil nubes de algodón, que te abrazan, acarician y te hacen sentir parte, de algo tan hermoso, que ni las mismas palabras pueden describir. No lo puedes evitar. Entras en la tontería más grande de este mundo, ¡pero qué bien sienta! ¡Es gloria!

Amigos míos, he llorado mucho, pero si esta tiene que ser la recompensa… ¡Bienvenida sea! Los amores de la historia, no fueron fáciles. No digo que nuestro amor sea leyenda, pero estamos muy cerca de escribir una.

Los deseos

¿Cuántos deseos hemos pedido? Para nuestros cumpleaños, en la entrada de un año nuevo, en lugares particulares, en fuentes, pozos… La vida, nos ofrece siempre el poder de pedir un deseo.

Es maravilloso cuando pido un deseo. Creo que todo es posible. El azar, la fortuna o simplemente el trabajo constante me ofrece que tantos de ellos se cumplan.

Me siento afortunada. A lo largo de los años, poco a poco se han ido cumpliendo muchos, y aún quedan algunos que sin duda alguna, se cumplirán.

Los deseos, son la forma más sencilla de creer que puede suceder. Mi mayor deseo, con solo 14 años era escribir. No veía mi vida, de otra manera que no fuera esa. La racionalidad y los condicionantes, hacían que nunca me decidiera, al fin y al cabo, la vida de escritor es muy diferente que muchos trabajos. Los artistas, muchas veces pertenecemos a otro mundo, quizás más ideológico, romántico, sensible y lleno de sensaciones que nos empujan a vivir las cosas de manera más intensa, y quizás, también más profunda. Me siento orgullosa, que mi deseo de adolescente que era escribir, crear historias y hacer partícipes a las personas de ello, es una realidad. Es la maravilla de los deseos, que acaban formando parte de tu vida de una manera real. ¿Quién me lo hubiera dicho? ¡Nadie! Pájaros en la cabeza hubieran pensado muchos. Y ahora, delante de vosotros, con una alegría que me desborda siento la plenitud de decir abiertamente… ¡Soy escritora! ¡Qué gozada!

Así que amigos, igual que yo, por ser más cabezota que un burro, por mi constancia y por mi determinación, mi sueño se ha hecho realidad, como muchos otros. Yo os invito a seguir soñando y deseando, porque no hay nada en la vida que no podáis conseguir o realizar. Y lo más importante, conseguirlo o no, no siempre es posible, pero nunca dudéis en intentarlo… No hay que lamentarse nunca por lo que uno no ha probado. Como siempre digo el no ya lo tienes… ¡Ves por el sí!

Así, que sigo en modo cumpleaños feliz, dando gracias a la vida por todo lo que me ofrece y por ser tan afortunada.

¿Pedimos un deseo nuevo? 😉

38 primaveras

¿38? Sí, sí… 38 deliciosas primaveras, y nunca mejor dicho.

Recuerdo todo lo pasado. No es poco. Han habido buenas épocas, normales y otras mejor olvidar. ¿Pero la vida consta de estos momentos no? La vida es esto. No todo siempre puede ser perfecto. Es más, se dice que de esas épocas más complicadas se aprende. Es verdad, y sin duda, te hace más fuerte. También, aprendo de las regulares y las buenas. La vida es un constante aprendizaje. Uno, no puede nunca pararse, sería en cierto modo para mí, morirse. Se aprende de todo, aunque de aquello que parece sin importancia. Con mis treinta y ocho primaveras, soy consciente que aún me queda mucho por aprender.

He hecho de todo lo que he querido. Mi lema siempre ha sido, que no quería llegar a los cincuenta años pensando en lo que no habría hecho. Me hubiera destrozado. Así, que llego a mis treinta y ocho sin un lamento. Y de aquello que me he podido lamentar, he aprendido para que no suceda más. Como siempre, el aprender es vivir para mí.

He viajado, tengo amigos que valen su precio en oro, una familia que me quiere, una persona especial que me ha robado el corazón, he conseguido mi sueño, mis pequeños placeres, el arte de la aventura, seguir trabajando de aquello que ha sido mi vocación, y tantas otras cosas, pero estas son las más importantes.

Una mujer con treinta y ochos años. Ayer, antes de irme a dormir me decía a mí misma, Lola te faltan sólo dos para los cuarenta. Y es así. No sentí ningún agobio, ni tristeza, vivo mi edad como es lo que toca, ni queriendo ser más mayor, ni más joven, siempre me he sentido orgullosa de mi edad. ¿Por qué fingir una edad que no soy?

Y así amigos, he entrado a mis treinta y ocho, con más fuerza que nunca, feliz, serena y tranquila, y sobre todo, muy agradecida por todo lo que tengo y me rodea. Doy gracias cada día, por ser tan afortunada.

Y a vosotros amigos míos, gracias también por estar siempre aquí a leerme mi pequeño diario. Hoy feliz y contenta, porque empieza un nuevo ciclo para mí.

Gracias y millones de gracias.

DSO

La tragedia del Selfie

(Demostración de lo que os cuento… DSO)

Empecé en Instagram, porque me parecía de las redes sociales más seria y con más enfoque artístico que otras redes. A día de hoy, me revuelve el estómago.

Instagram, fue una red creada para la fotografía y para aquellos amantes de este arte sinfín. El gran problema, son estos miles de perfiles abiertos con la misma persona, con su misma cara, diferentes horas del día y con mil filtros que ya no sabes si es un cómic o realmente, la fotografía de una persona.

Yo, por mi trabajo, estoy “obligada” a tener perfiles sociales abiertos, y sin duda alguna, fotos de mí. No porque me sienta una ególatra, si no, porque con el paso del tiempo me he dado cuenta, que vende más lo que soy yo, que no las mil fotos que saco de los lugares, y en el disco duro de mi ordenador a buen recaudo están. Son perfiles de empresa, como he dicho al fin y al cabo es mi trabajo, debiéndome a ello.

Lo que me enerva de mala manera, es ver esos perfiles abiertos con la misma cara, en casi la misma posición delante de un espejo, con o sin las gafas de sol, en el baño o en sitios, donde amigos míos… ¿Dónde está la imaginación? Yo entiendo que los perfiles privados, son para compartir con los tuyos. Pero estos patéticos y patéticas mini capullos/as, con esas fotos para arriba para abajo, sin ninguna inventiva, solo para qué, ¿fortalecer un ego? Tan poco se quieren las personas que tienen que hacer esas fotos absurdas para qué, ¿para qué le digan guapo/a? A parte lo divertido de todo esto, es que siempre comenta la misma gente, las mismas estupideces. ¿En el baño? ¿Delante de un espejo? ¿Por qué? ¡Por qué! Pero tan aburrida se ha vuelto la sociedad que no saben crear… ¿Es tan difícil ser un poco original? Dios mío, en qué decadencia más pésima y absurda está llegando nuestra sociedad.

Luego, a parte, suelen ser los mismos o mismas que llenan de frases estúpidas creadas por otros. Ponen a filósofos y demás personajes históricos que me juego una buena cena ¡ni siquiera habrán leído un libro suyo! Es más, me juego cena más lo que queráis, que en los últimos años no han sido capaces de leer ni un solo libro entero. ¿Pero qué les pasa a las personas? Esta bien seguir filosofías, personajes con una fuerza histórica, ¿hace falta que lo sepa todo el mundo? La gente, se ha vuelto una hipócrita. Tienen que enseñar, hasta casi cuando se limpian el culo. ¿Es necesario? Yo no lo entiendo.

Solo entiendo una cosa, que la gente cada día es más pobre de imaginación, creación y libertad mental, encerrados en una cúpula absurda para alimentar sus desgraciados y lamentables egos. ¡No lo hagáis público! Tener cuentas privadas, y si son públicas es para enseñar al mundo algo, para poner cuatro fotos aburridas como vuestras vidas y frases, que seguramente no entendéis, ¡cerrarlos! Hacer un bien al prójimo y no mostrar más patetismo, por favor lo pido.

Luego, están esos nombres del carajo. ¿De verdad? Mi perfil es @dsooficial, diréis pues tú también… ¡No! DSO es mi nombre artístico número uno, dos SON MIS PUTAS INICIALES DE MI NOMBRE COMPLETO. Al decidir, ser una persona pública, y por varios motivos personales que no tengo porque explicar, decidí DSO que además es un bonito juego de letras que al leerlo creas la palabra deseo… Algo que decidí en su momento, y creímos junto a otras personas, que era lo más correcto.

Así que amigos, de Instagram, los que tenéis perfiles abiertos y sois aburridos, pésimos y lamentablemente absurdos, por favor os pido… ¡Hacer privado vuestro Instagram! Si deben ser de dominio público, hacerme un favor… Cada foto que publiquéis, pensarla un poco, dejar volar vuestra imaginación, crear algo que la gente puede valorar y pueda apreciar, y no mostrar una parte de vosotros que os hace realmente vulgares delante de los ojos de quien tiene un mínimo de criterio. Y si tenéis que escribir algo, que sea inteligente, o simplemente vuestro, no fotos ridículas de lo que dijo alguien y que seguramente no lleváis a la práctica.

Amigos, como estoy hasta los mismísimos de la estupidez de los estúpidos. Y pensar, que nuestros hijos toman ejemplo de los padres… ¡Qué mundo más triste les espera!

Voy a seguir trabajando y no hacerme un puto selfie delante de un espejo… ¡OMG!

Por cierto… ¡Quién se pica ajos come! ;)-

Roma, città eterna

Roma, ciudad eterna…

Recuerdo la primera vez que te vi, tenía tan solo catorce años. Me abrumaste con tanta belleza, me hiciste pequeña delante de tanta inmensidad, me ensañaste la aventura del viajero, el primer amor adolescente y el pálpito de tu historia.

¡Cuántos años han pasado! ¿Muchos? ¿Pocos? ¡Qué más da! Sigo admirándote como si fuera siempre nuestra primera vez… Aunque, si tengo que precisar, que hubo un momento que nuestra relación mejoró de forma incondicional.

Vivía en Italia, en aquella época, era el 2007 más o menos. La insistencia de amigos de ver “Vacaciones en Roma” protagonizada por Audrey Hepburn, fue la obligación de aquel momento. ¡Cómo disfruté!

Ver la belleza de Audrey Hepburn, encima de una preciosa Vespa, recorriendo lo más bello de esta ciudad, me hizo quererla aún más. Entendí lo que ella sentía en cada momento. Su maravilla, su admiración, il dolce far niente, la bella vita, esta nube que envuelve de libertad mezclada con vida, es lo que ofrece Roma. Roma ofrece soñar, vivir en Carpe Diem constante, reírte de todo, sentirte la mujer más bonita del mundo cuando los ojos de los italianos se clavan en cada paso, comerte una buena pasta All’ amatriciana, a las siete de la tarde sentarte en una terraza del Trastevere para un aperitivo, moverte con la moto por cada rincón de la imperiosa Roma…

Así es Roma amigos, que aún que tenga el Vaticano en el corazón de la ciudad, la “perversión” de lo terrenal y mundano, nos ofrece los placeres y gustos de una vida sin duda… Alla grande.

Y aquí estoy, una vez más delante de ti, Fontana di Trevi, tirando mi moneda y pidiendo mi deseo. Sintiéndome Audrey Hepburn, y bailando al son de una canción de Celentano. La vida es así amigos. La vida son momentos y lo bello, es saberlos coger al vuelo. La vida son dos días y uno dormimos… Y este, en el que estoy despierta disfruto del sentirme pequeña delante de tu inmensidad… Ti voglio bene Roma.

¿Cuál habrá sido mi deseo en la Fontana? Mmmmm… En tanto me voy a tomar un buen prosecco. Baci baci

Una escritora sin palabras

No siempre, tengo el don de expresar lo que siento o pienso. Sucede. ¡Claro qué sucede!

Por eso, hoy, creo que una canción hablará el idioma de la nostalgia, de una manera mucho más profunda. Si esta canción os llega, en lo más profundo de vuestro ser, seréis afortunados… Si no, aprenderéis a entenderla. No todo son flechazos, a veces, las mejores cosas necesitan su tiempo de “cocción”. Necesitan de ese lapsus de espacio, para que todo cuadre. Para que se asiente bien. Para que todo sea entendido sin dificultad. Para que la Oda de la propia vida, tome forma de la única manera que tú quieres que sea.

Disfrutar de esta singular, mágica y especial canción…

https://m.youtube.com/watch?v=DinEKqtCDkg

Días de lluvia

Sentada, delante del manuscrito, organizando ideas, creando de las palabras y frases… Una historia.

Alzo la vista, y me encuentro esta lluvia de primavera que no cesa. Aún no sé qué tienen estos días, que los odio tanto. ¡No soporto la lluvia! Me mata… Necesito el Sol, que me acaricia y me augura que todo va bien.

La nostalgia, es algo inevitable para todos. Y cuando, te ves encerrado sin la posibilidad de salir, pienso, en esos momentos de “luz” que tanta vida me dan.

Momentos inolvidables… Como aquel inocente primer beso, aquella visita por sorpresa, esas risas compartidas, la película que siempre estará en mi corazón, esa mirada cómplice del que me amó, la salida nocturna más loca de mi vida, los lloros por un adiós, las confesiones indiscretas con las amigas, esos abrazos interminables de las buenas personas, esos momentos de soledad delante de un libro, ese paseo como compañía la luna, ese baño en la playa a las doce de la noche, los guiños a desconocidos, la calma de aquel día en medio la montaña, ese tapeo que empezó al mediodía que se alargó hasta las mil pérdidas horas de la madrugada, esa carita feliz de mi sobrino, las tertulias sinfín, cantando todas las canciones que te hacen llorar más de lo que necesitas, bailar hasta romperte cuando las cosas han salido bien, ese día especial que nunca olvidarás, el viaje más maravilloso de tu vida, todas las personas que han pasado por tu camino regalándote tanto, caricias en el olvido de algún rincón de tu cuerpo, momentos de éxtasis, el adiós sin vuelta, el cantar de los pájaros, la sensibilidad de los pétalos de un tulipán rojo, los dieciocho años, las fiestas en casa con todos tus amigos, el primer trabajo, la escapada romántica regalada por los dioses, el secreto más dulce, y el más amargo… Así son los días de lluvia, esos que recuerdan, aquello que en lo que casi nunca piensas.

Meditando, con la calma, quizás no son tan malos los días de lluvia. Si no fuera por ellos, ahora no habría recordado tantas cosas que tengo en mi baúl de los recuerdos. De vez en cuando, va bien abrirlos, para sentir lo afortunado que eres y cuántas cosas maravillosas has vivido sin darte cuenta, sin apreciar al cien por cien, y que una simple lluvia, te ofrece de nuevo, estos sentidos y vívidos, recuerdos.

Por cierto, ¿qué estará haciendo el niño malo?