Dolores, Lola, Lolita…

Ayer, haciendo un recorrido por la música y por la historia, me detuve a pensar…

Mi nombre, para quienes no lo sabéis (normal, solo firmo con DSO), pues Dolores… Lola, Lolita, Lola de toda la vida… Un nombre que llevo con mucho orgullo. Es la esencia de la mujer latina, profunda, salvaje, rebelde, honesta, familiar, libre, exótica…

Bueno os cuento por partes. No siempre estuve feliz con mi nombre, es más, creía que era un castigo de por vida. Hace unos cuantos años no estaba de moda, como ahora. Mi nombre era de anciana, persona mayor, y no me sentía yo muy a gusto con ello.

Al pasar los años, la cosa fue cambiando. Cuando viví por primera vez en Italia, exactamente en Florencia, la gente que iba conociendo y se cruzaba en mi camino, sin duda, hacían especial mi nombre. Era algo exótico y muy español, y por primera vez, llevaba con orgullo eso de llamarme Dolores.

Más tarde, hubo otra transformación y era que pasaba de Dolores a Lola. Al principio, no me sentía nada cómoda, pero la gente en Barcelona empezó a llamarme así. Hasta el día de hoy, que gracias a mi ex novio, Lolita es mi bandera. El Lolita de su boca, o en la de cualquier persona que me quiera, es la canción más dulce y armoniosa para mis oídos. Sin duda, Lo li ta, como dice Nabokov tiene una musicalidad diferente.

Y así, con 38 años y sintiéndome muy Lolita, me doy cuenta que la historia no ha sido justa con nosotras, es más, han sido muy crueles.

Todas las historias que se cuentan con nuestro nombre, sea en la literatura o en la música, son injustas, y me preguntaréis ¿por qué? Pues si hacemos un poco de memoria, todas las llamadas con dicho nombre o eran putas, o madame, desgraciadas de la vida, las que menos suerte tenían en todo, las más maltratadas y las menos queridas, perversas y pervertidas, mal nacidas del mundo… Y digo yo ¡no es justo! Ya, con bastante paciencia tiene uno que vivir con la broma fácil, de por vida, pero que encima la mayoría de canciones e historias que se cuenten de Dolores sea tan degradantes, ¡me ofende!

Así que hoy, por todas aquellas que abanderamos un nombre con mucho arte y salero, nos sintamos orgullosas de el, y es más, empecemos a crear nuevas historias, donde las Dolores, Lolas o Lolitas sean las reinas, las más afortunadas, valientes, inteligentes y hermosas, cambiando su pasado por un futuro lleno de garra y mucha fuerza. Un ole, por las ¡Lo li tas!

La Carrie Bradshaw “real”

Es inevitable, para las mujeres de mi generación, sentirnos un poco Carrie a lo largo de nuestra vida.

Pero yo, no solo me he sentido como ella, si no que soy la mismísima, pero en la vida real (parece muy ególatra, pero ahora entenderéis). Ahora os haré algunas comparaciones, y vosotros mismos al final de post, decidiréis, ¿oki?

Tengo un apartamento de lo más mono, donde las vistas no son en medio de Manhattan, ni de renta antigua, ni un love, que con el paso de los años se transformó en todo un modelo del design. El mío, es en medio de un pueblo bucólico, donde se respira paz y las ambulancias son el disturbo de mi armonía (cuando se dan, que es como… ¿Una vez al mes?). Mis vistas son espectaculares, cada vez que me asomo a uno de mis balcones aprecio un castillo, donde en mis noches de insomnio rezo para que se presente mi príncipe azul. Viví en Barcelona, Florencia y Milán, por lo tanto, lo cool de vivir en las grandes ciudades ya lo experimenté. A diferencia de Carrie, yo he madurado un poco.

Soy escritora como ella. Ella empezó siendo columnista en un periódico, yo con un blog cuando tenía tiempo libre, este ya ha celebrado su séptimo aniversario. Después de mucho, pensar, en octubre del año pasado publiqué mi primer libro. La temática sin duda alguna, son muy diferentes, pero lo que os puedo asegurar, que nuestro sueño se convirtió en realidad cuando este se publicó.

No tengo Manolo Blahnik, pero si que es verdad que tengo toda una habitación repleta de zapatos. ¿Y cuándo abro uno de mis armarios? ¡OMG! Encuentro joyas de zapatos que tenía olvidados, y entonces… ¡No dudo salir a la calle y contonearme un poco! Los tacones, son mi mayor debilidad… Me hacen sentir imperiosa, divina, segura, fuerte, mujer, y sexy muy sexy…

Lo mismo sucede, con los tres cientos quilos de ropa que tengo. No serán de Galliano, ni Tom Ford, Escada, Prada, Dior, Channel, Oscar de la Renta ni Valentino, pero son la maravilla de mis ojos. ¡Mil horas para decidir el look perfecto! Y luego, salir de casa, pisando fuerte. Todas, o casi todas, tenemos una mujer ideal a quién copiar su forma de vestir… Yo sin duda, soy muy Eva Cavalli. Entre Boho y Tomboy, ahí marco mi diferencia.

Y cómo no, también tengo a mis tres amigas fabulosas. Ivo, Larita y Piove, son mis tres almas gemelas que sin ellas moriría. Cada una, tiene una personalidad muy definida y es lo que adoro de ellas. Nos reímos, nos confesamos, compartimos y sobre todo, nos demostramos día a día que somos hermanas, para lo bueno y para lo malo. Nuestros amores y desamores, nuestro pan de cada día… ¡Qué haría yo sin ellas! Nuestras cenas, podrían ser la demostración más clara de un buen capítulo de Sex and the city.

Y… ¡Cómo no! Yo no tengo a un Mr Big, pero tengo a un Mr Wow. Es de esos que se cruzan en tu vida, y sin saber el porqué se impregna dentro de tu esencia sin casi respirar, tantas veces. Me deja loca en cada momento, sus actuaciones son de lo más reprochables, no se comporta como aquello que yo esperaba, me tiene loca dando tumbos entre mi esencia y querer. Viene y va, con todas sus licencias, y yo que le permito. Pero aún todo el dolor posible, y soportable, sigue estando en mi cabeza matándome en cada hachazo con sus locuras, su ser egoísta y caprichoso. Con sus miedos y antojos, y yo, corriendo por media España detrás de él. No es un Big, pero su Wow me tiene enamorada hasta las trancas sin saber qué hacer.

Sin duda, también tengo mi amigo gay, que es mi maridito hasta que la muerte nos separe. Es mi iluminación en la moda y en la vida, y con él, sé que coger un buen pedo es la única solución.

Y con todo esto… Y bastantes cosas más, como ya entenderéis soy Carrie, pero real. Nuestras vidas son paralelas, no iguales, pero sin duda, mi vida, la que os muestro no es sacada de ninguna serie y todo lo que acontece, ¡menos!

¿Ahora qué pensáis? ¿Es DSO la verdadera Carrie?

Final de mi retiro (Día 15)

Después de 14 días de desconexión, hoy vuelvo a la “normalidad”.

Este ha sido un viaje mucho más largo de lo habitual. He cogido el avión con más recorrido de mi historia. No han sido ni dos horas, ni cinco, ni veinte… Si no 14 días volando, para verme desde lo alto a mí misma. No es que me crea Dios… ¡Para nada! Pero desde la distancia, las cosas se ven de mejor manera. Desde allí lo alto me veía… Veía en lo que fallaba, en lo que hago bien, y en lo que no tengo culpa ninguna. La culpa es un mal, que nos ataca a todos de la misma manera. Es una tristeza que nos invade, sin dejar respiro. En este retiro, he aprendido que la culpa nos hace débiles, y que muchas veces nos culpamos de cosas que realmente, no tienen ningún tipo de objetividad. Así, que descargué de mi mochila, unos de los pesos más pesados, la tediosa culpa. En este retiro aprendí que la culpa, es, el narcisismo de nosotros mismos de lo que creemos que hacemos mal… Pensar en ello.

En este viaje de 14 días. He caminado, he rezado, he leído, he vivido en comunidad, encontrando viejos amigos y haciendo de nuevos. Experiencias maravillosas que las guardo en mi baúl preferido, con flores y satisfacciones que estarán, por siempre, en mi corazón. ¡No dudéis que volveré!

Aconsejo, a todo el mundo, que haga un retiro. Es bueno, estar en silencio. Contigo mismo, y valorar las cosas que te hacen más o menos feliz, alejarte de todo para ver las cosas con más objetividad, valorar los pequeños detalles de la vida, apreciar el carpe diem de una manera más absoluta, que tus compañeros de paseo sean el agua, el viento, los corzos, las liebres, el sol, las estrellas, la luna, los pájaros, los malditos insectos… Probar aunque sea una vez… ¡No dudo que os engancharéis!

La vuelta a la realidad es de lo más natural y conciliadora. Un poco, quizás, te agobias de volverte a “conectar” al cien por cien, con el mundo, mensajes pendientes después de tantos días. Pero también, es satisfactorio ver las personas que se han acordado de ti en los días de “reclusión” .

Así que con un aire, renovado, feliz como una perdiz, serena y relajada, me enfrento a mis nuevos retos, nuevos proyectos y tantas maravillosas cosas que me quedan…

¡Amigos el verano ha empezado!

Colorín colorado, este cuento, para nada se ha acabado… 😉

Y para concluir, mi post de hoy, os dejo esta canción que me ha acompañado tanto en mis largos paseos (casi veinte quilómetros al día). Espero, que os guste tanto como a mí.

Día 10

Y lo inevitable… ¡Se produjo!

Una del mediodía, el calor acecha en las profundas tierras castellanas. El Alto Tajo, con su verde ensordecedor nos emborracha de felicidad. Mis amapolas me miran… Saben que sí, es el momento. Las miradas se encuentran, en la timidez de las palabras, oraciones sin ninguna conexión… Solo el respirar, el saber, el entender… Nada más basta, todo lo demás sobra. ¿Cómo uno de puede sentir tan pleno con tan poco?

Siento que vibro, el aire, el agua, la tierra y el cielo… Se mueven, y yo bailo con ellos en la sinfonía de la alegría, de esas que bastan pocas palabras pero las miradas te traspasan el corazón y el alma. Sígueme dando de esta vida… Porque creo que estoy sedienta,de tu sed, absurda pero tan maravillosa.

Hace dos años todo empezó con esta canción… Hoy sigue vibrando dentro de nosotros…

Día 9

¿Habéis sentido alguna vez, que con solo un suspiro, os quemaba el alma?

¿Habéis sentido alguna vez, que con solo el escuchar una voz, os temblaban las manos?

¿Habéis sentido ese fuego interno con el respirar de alguien?

Yo no os puedo contar mi historia. Pero si lo que he sentido, desde ayer por la noche.

Ha pasado mucho tiempo desde entonces, y era imposible o al menos para mí, el pensar que se cruzaría de nuevo en mi camino.

Dos años son demasiados, suceden mil cosas y sobre todo, en aquella época que se presentó en mi vida, todo lo tenía, menos la claridad de las elecciones. Fue entre ángel y demonio. Entre luz y oscuridad. Seguridad y perdición. Ganar y perder. Querer y odiar. Fue un todo junto a un nada. Y, de nuevo, está aquí.

Ayer por la noche sentía que ardía. Moría de pasión. Ni una mirada. No puedo. No podré. Tengo miedo de cruzar una simple mirada y convertirme en estatua de sal. Me siento tan frágil. El mismo Big Bang sucedió en mi interior. Solo con una presencia. ¿Qué raro es el destino? Cuando menos lo esperas, vuelven personas de tu pasado que tanta importancia tuvieron. Sinceramente, yo no sabía la importancia que tenía, hasta ayer por la noche, que me quemé entera de pura pasión carnal.

Metros, pocos a distancia de mí. Cada día. A cada hora. Todos los días hasta que me vaya. ¿Qué voy hacer? Nada. Soy cobarde por naturaleza.

Me abrasaré en el silencio del amor no concedido.

Pasan las horas, los minutos y lo segundos, en forma de cadena, pesada, de hierro forjado… Forjado por la pasión de un ayer que se presenta en el hoy, en forma de interrogación y reencuentro.

A veces, los silencios hablan más que las propias palabras, que los propios deseos, que las mismas ganas… Compartimos el silencio.

¿Seguiré en el silencio? Quiero que vuelva a ser ayer… Justamente dos años. Que vuelva a ser todo como entonces, con la serenidad de ahora…

Me quemo de pura pasión… Nuestro reencuentro es una leyenda ya escrita, que será como una de las más bellas historias de amor… ¿Seguiré en el silencio? ¡Maldita cobardía que nos hace más débiles de lo que realmente somos!

Miro a mi ventana, y sé que estás ahí, a pocos metros… Cruzando miradas… Deseando deseos perdidos y reencontrados.

Hoy me siento más libre que nunca, más pura que ayer y serenamente embriagada de sentir, aquello que le llaman… Amor.

¿El final? No lo sé… ¡Pero que viva me siento!

Día 8

Infinitas son las cosas que os tengo que contar siempre. Pero prefiero, ir por partes, porque acabaríais de mí hasta los mismísimos.

Hoy, os hablaré más de mi retiro y sobre todo, de una historia o historias en particular.

Para empezar, deciros que un retiro es algo que puede hacer todo el mundo. Seas hombre o mujer. No sé qué idea tenéis, pero os puedo asegurar que no es cómo muchos imagináis. Cada uno, hace el retiro a su manera. No estáis encerrados sin poder salir, y sin poder hacer nada. ¡Estáis locos! Hay miles cosas que hacer, pero no os las voy a contar, porque quien prueba una vez, repite. Siempre se repite. Digamos que es el mejor manjar que le regalas a tu alma y esencia, para que sigas una evolución sana, serena y en paz, en tu propia vida. Puedes relacionarte más o menos. Pero, lo que sin duda aprendes es cuanta gente hay maravillosa en el mundo, y sus historias se pierden en el libro cerrado de la historia, pasando por el sin pena ni gloria. Y eso me duele, me duele mucho.

Hoy, me ha impactado profundamente la historia de una monja. Esta de retiro, con más de noventa años y con dolores, que seguramente no son más fuertes que su alma y su vocación.

La historia que os voy a contar, no es contada directamente por ella, si no por otra compañera de retiro. Pero me he visto con la obligación de contarla, dado que quiero que tenga su pequeña parte en la historia, y como no, de reivindicación de lo injusta que puede ser la vida a veces.

Esta monja desde muy joven, se fue hacer misiones a África, dedicando toda su vida a los demás y al bien de una comunidad, para ayudar. Toda una vida. ¡Toda! No es poco, amigos. Pensar en qué dedicáis vuestro tiempo, y en ayuda altruista a los demás, seguro que poca o nula. El caso es, que esta monja al volver, y seguramente como se gestionaban las cosas de antaño, se encuentra en un geriátrico, sin familia y sin dinero. Vive en la pobreza. ¿Es justo? ¿Cómo un gobierno puede permitir tal desfachatez? Ha dedicado su vida, a un “trabajo” que es el de ayudar. Entregó su alma a los necesitados, ¿y ahora? Es ella la necesitada. ¿Quién la ayuda ahora a ella?

A veces me enfado con la vida, y no me falta razón. Muchos nos creemos que todo está por descontado, y en la comodidad de nuestros sofás, nos creemos hasta superiores para juzgar y condenar.

¿Qué se supone que debe suceder con estos casos? ¿Quién es el responsable para que no sucedan tales injusticias?

Siento rabia, dolor, pesar… Una sombra gris a acecha mi mente. Lloro, pero no por placer, si no por impotencia. ¿Cómo vamos a crear un mundo mejor? ¿En la vida solo es presentar papeles? Sin papeles, no eres nadie. ¿Así funciona? Tú no certificas… ¡A la mierda! ¿Eso es lo que espera a nuestras generaciones de ancianos que trabajaron en el extranjero? Ahora todo está controlado, pero hubo una época que no…

En mi momento de soledad, hasta el cielo está gris pocho. ¿Con qué estómago puedo mirar a alguien que es tan Grande y yo a su lado tan pequeña?

Lo mejor, de todo esto, es que está lleno de mujeres coraje que entregan su vida a los demás. Lo viven de una manera maravillosa y excepcional. Y yo, me sigo sintiendo tan pequeña delante de tanta grandeza…

Suspiro… Sin hallar ninguna solución. ¡Qué impotencia!

Siempre creo en el bien, y que todo se solucionará… Tengo fe, que después de mi reclamo, mi dolencia y mis palabras, el rumbo de esta “santa mujer” cambiará para bien… No tengo ninguna duda de ello.

Y yo, seguiré siendo tan pequeña enfrente de tanta grandeza…

Día 6

Llueve… Llueve demasiado. Yo no sé aún que tienen los días de lluvia, ¡qué tanto odio! Bueno, en un retiro no se puede odiar… Pero si que todo ayuda más a una reflexión.

Hoy me pregunto, si son buenos los impulsos. ¿Está bien que nos dejemos llevar por lo primero que nos impulsa? O… ¿Cada uno de nuestros actos deben ser llevados de la mano de la reflexión? ¡Yo, ya no lo sé!

Entiendo y comprendo, que cada acto que se haga con respeto, amor y cariño, la persona lo reciba de corazón y como un acto de amor hacia ella. El problema, es que a veces, estos actos hechos desde el fondo del corazón son confundidos con desesperación y falta de integridad. ¿Por qué somos tan severos los unos con los otros? ¿No se merece todo hijo de cristiano ser acogido con sus actos de buena fe?

Yo ya no lo sé. Me dejo llevar muchas veces, por la bondad nacida en mí a ofrecer todo lo que está en mi mano, para que aquellos que me rodean se sientan más queridos por mi parte.

Tantas veces, menospreciamos los actos de generosidad y benevolencia, como si fueran simplemente actos que se dan por hecho. Es muy triste… ¡Me produce una inmensa tristeza!

Supongo, que no todo el mundo es así. Lo supongo, y lo confirmo. Pero mi pregunta, sigue rondando en la cabeza. ¿Es bueno ser impulsivo siempre que el acto sea desde el fondo del corazón y amor?

Miro mi ventana, en breve tengo que volver a mi retiro y oración. No entiendo nada.

Llueve, ya os he dicho que odio la lluvia. Pero, si lo miramos desde el plano de la impulsividad, la lluvia lo hace por muy buenas razones. Nos ofrece el agua, que las cosechas salgan adelante, que las flores sean tan especiales como siempre, que los animales puedan beber y alimentarse bien, que los embalses estén llenos para nuestro suministro, que desprenda la primavera su belleza, que siga el ciclo vital de la vida, que te obligue a quedarte recogido a pensar un poco… Sin duda la lluvia, es impulsiva en un sentido metafórico. ¿Yo podría ser como la lluvia? Un acto, de amor hacia los demás, solo por el gusto de hacer feliz, y con la sonrisa, y la satisfacción sentirme llena… ¿Podría ser?

No sé qué tenemos los humanos, que a veces somos tan vacíos de principios y amor. En la vida, nos encontramos a ¿cuántas personas? ¿Centenares, miles, millones? No lo sé. Tantas de ellas nos han regalado tanto, y las que nos quedan, ¿por qué nunca le damos el valor? ¿Por qué nos queda más lo malo que lo bueno? ¡Es injusto! Me duele… Me lástima… Me siento triste. ¿Tan superficiales y faltos de profundidad nos hemos vuelto? No lo sé…

Sigo con mi cuestión… ¿Debo ser impulsiva? O… ¿Reflexiva? ¿Quién dicta lo que esta bien o mal?

Por ejemplo, ¿quién sería yo para no valorar un acto hecho con amor? Me sentiría fatal. Me sentiría lo peor. Me creería no merecedora de esa persona. Sería una persona vacía. Muy vacía…

Recordar por un momento. ¿Cuándo ha sido la última vez que habéis hecho algo por alguien sin esperar nada a cambio? Si ha sido así… ¿Recordáis su cara de felicidad? ¿De gratitud? ¿De amor incondicional?

Yo no sé, si la impulsividad que vive en mí, es una cualidad o un defecto. Lo que sí, os puedo asegurar de buena fe, es que cuando lo he hecho, sin esperar nada a cambio, me he sentido la mujer más llena de amor de este mundo. Esa sensación, que sientes, te emociona y te hace decir: “Sí, soy buena persona.”

No soy María Teresa de Calcutta… ¡Ojalá! No soy tan especial. No soy San Francisco de Asís… No soy tan benévola. No soy nadie, ni única, solo sé que cuando hago algo con todo mi cariño del mundo, y normalmente lo hago por impulsos, al menos una sonrisa de vuelta no estaría mal, ¿no? ¿Pido demasiado?

La lluvia ha cesado, y mi impulsividad se ha visto envuelta por la reflexión.