Indecisiones, inseguridades y barbaries

Estamos en una era, sin duda alguna, complicada.

Pensando con la distancia, esa que nos lleva el madurar de modo inesperado, que se presenta en el sendero de la vida, de una forma más serena y calmada, lo ves todo claro. No hacen falta grandes teorías, ni mil premisas, lo ves y lo entiendes.

Digo, y reafirmo, que estamos en una era complicada, no por las facilidades que tenemos, que no son pocas, si no por el mero hecho que tanta facilidad nos complica la vida. Dejamos los valores, esos que la gente rechaza porque seguramente no están de moda. Nos manifestamos constantemente, por todo. Salimos a las calles sin ningún miedo. Nos creemos fuertes por las causas ajenas. Y me parece ¡extraordinario! Lo que, en cierta manera siento, es una compasión en modo de nostalgia, por la individualidad del ser humano. Y reafirmo, individualidad.

Me explico, nos encontramos delante de una vida, que sin duda nuestros abuelos bailarían de felicidad por todo aquello que poseemos, sinceramente, no con tanto esfuerzo. Pero también, imagino que sentirían una gran tristeza de ver la forma tan banal, vacía y poco comprometida de como nos tratamos, los unos a los otros, en petite comité. Sigo explicándome. No hablo de los amiguitos, esos siempre están, van y vienen, pero forman un círculo que parece ser nuestra caja de Pandora. Hablo de las relaciones de dos. Pareja. Tú y yo, yo y tú.

He hablado mil veces de ello, quizás nunca con esta distancia y sin duda, desde la perspectiva más profunda que podría sentir una persona de más edad, que yo. Nos hemos vuelto en personas inseguras e indecisas, frente a la vida. Es más fácil cambiar, que apostar. Nos resulta más divertido saltar de flor en flor, que el comprometernos. La alegoría de nuestras vidas se ha convertido en mil experiencias, y ninguna de calidad. Nuestros miedos, los de esta era, causan mella en nuestras jornadas. Digo los miedos de nuestra era, porque sin duda los miedos de nuestros abuelos, eran quizás mucho más serios. Vivir en dictadura o guerras, no creo que sea un miedo infundado. Lo que sí, para mí, es completamente de “nenazas” y un tanto irónico, es la poca paciencia que demostramos por los sexos opuestos. Somos egoístas y poco conciliadores. Nos arrancamos la ropa sin miedo, pero no nos rompernos una uña por nadie. ¿Son nuestras inseguridades? ¿Indecisos? Mucho me temo, que sí.

Yo vivo el amor, de una manera muy arcaica. Soy muy consciente de ello. Pero las sensaciones que me aporta, es tocar al cielo y más… Desear construir en vez de destruir, querer amar por encima de todo, ser dos en uno, superar barreras en vez de crearlas más grandes, darte de la mano y no dejar que caigas en el suelo, besar cuando hay miedo, cantar cuando hay un problema y jugar como niños por si hay un mal día.

Cuando me refiero a que somos indecisos e inseguros, lo digo con la frente muy alta. Tantas opciones nos han vuelto, unos estúpidos que al final, no saben escoger, y se quedan con una apariencia banal, que luego les lleva a más fracasos y a un desgaste emocional, muchas veces difícil de superar.

Ir a pasear un momento. Sin móvil, ni nada. ¡Se puede! ¡Doy fe! Pensar en aquello que os mueve realmente. Sentirlo como algo que forma parte de vosotros, sin miedos infundados que solo lleva a la desesperación y amargura. Eso que se está formando, dentro de vuestros corazones, almas o cualquier nombre que le pondréis, irá bien. Eso, es bueno, muy bueno. Entonces agarrarlo, fuerte, muy fuerte. Hacerlo vuestro, como si fuera el mayor tesoro nunca alcanzado, ese que ni el dinero, no puede obtener ni comprar. No lo soltéis. ¿No es perfecto? ¿Tú lo eres? Y a partir de ahí, a volar… Nadie dijo que fuera fácil, pero tampoco difícil. Simplemente es, vida.

Dejemos de ser “cojoneros”, y vamos a crear relaciones de calidad, no de cantidad. Porque lo que estamos mostrando al mundo, a aquellos que están viniendo o que vendrán, es algo muy vacío, superficial y sin ninguna profundidad. Yo no quiero un mundo así, ¿y tú?

Salta, grita y llora. ¡Chilla al mundo que amas! Dile a la oreja a esa persona especial que te resulta tan atractiva y deseable, que deseas verla a cada minuto porque si no te falta el aire, que el sol sale gracias a su sonrisa, que los colores de su voz son más bellos que la misma primavera, que su olor te transporta a miles lugares del mundo sin moverte de su lado, que la belleza de la vida está en cogerle de la mano, y que sin duda, siempre seguirán pasando cosas excepcionales a su lado.

Y yo, me voy, a susurrar un poco…

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