De nuevo…

Después de un verano lleno de emociones, sensaciones y sobre todo, un conocerme más a mi misma, vuelvo a vosotros con las mismas ganas de siempre y con más ilusión que nunca.

Hoy no os pegaré ningún rollo… Quiero y deseo, cada cosa a su momento. Por eso, solo os voy a dejar un vídeo. Es el soneto número doce de Lope de Vega, que para quien no lo sepa uno de mis escritores preferidos. A veces creo que él es el único, pero luego hay otros que me emocionan… No de igual manera… Pero bueno.

No me enrollo más, porque no es mi deseo de hoy, como bien ya os he dicho. Solo quiero que escuchéis atentamente y experimentéis… Lo demás, aún está por llegar.

Indecisiones, inseguridades y barbaries

Estamos en una era, sin duda alguna, complicada.

Pensando con la distancia, esa que nos lleva el madurar de modo inesperado, que se presenta en el sendero de la vida, de una forma más serena y calmada, lo ves todo claro. No hacen falta grandes teorías, ni mil premisas, lo ves y lo entiendes.

Digo, y reafirmo, que estamos en una era complicada, no por las facilidades que tenemos, que no son pocas, si no por el mero hecho que tanta facilidad nos complica la vida. Dejamos los valores, esos que la gente rechaza porque seguramente no están de moda. Nos manifestamos constantemente, por todo. Salimos a las calles sin ningún miedo. Nos creemos fuertes por las causas ajenas. Y me parece ¡extraordinario! Lo que, en cierta manera siento, es una compasión en modo de nostalgia, por la individualidad del ser humano. Y reafirmo, individualidad.

Me explico, nos encontramos delante de una vida, que sin duda nuestros abuelos bailarían de felicidad por todo aquello que poseemos, sinceramente, no con tanto esfuerzo. Pero también, imagino que sentirían una gran tristeza de ver la forma tan banal, vacía y poco comprometida de como nos tratamos, los unos a los otros, en petite comité. Sigo explicándome. No hablo de los amiguitos, esos siempre están, van y vienen, pero forman un círculo que parece ser nuestra caja de Pandora. Hablo de las relaciones de dos. Pareja. Tú y yo, yo y tú.

He hablado mil veces de ello, quizás nunca con esta distancia y sin duda, desde la perspectiva más profunda que podría sentir una persona de más edad, que yo. Nos hemos vuelto en personas inseguras e indecisas, frente a la vida. Es más fácil cambiar, que apostar. Nos resulta más divertido saltar de flor en flor, que el comprometernos. La alegoría de nuestras vidas se ha convertido en mil experiencias, y ninguna de calidad. Nuestros miedos, los de esta era, causan mella en nuestras jornadas. Digo los miedos de nuestra era, porque sin duda los miedos de nuestros abuelos, eran quizás mucho más serios. Vivir en dictadura o guerras, no creo que sea un miedo infundado. Lo que sí, para mí, es completamente de “nenazas” y un tanto irónico, es la poca paciencia que demostramos por los sexos opuestos. Somos egoístas y poco conciliadores. Nos arrancamos la ropa sin miedo, pero no nos rompernos una uña por nadie. ¿Son nuestras inseguridades? ¿Indecisos? Mucho me temo, que sí.

Yo vivo el amor, de una manera muy arcaica. Soy muy consciente de ello. Pero las sensaciones que me aporta, es tocar al cielo y más… Desear construir en vez de destruir, querer amar por encima de todo, ser dos en uno, superar barreras en vez de crearlas más grandes, darte de la mano y no dejar que caigas en el suelo, besar cuando hay miedo, cantar cuando hay un problema y jugar como niños por si hay un mal día.

Cuando me refiero a que somos indecisos e inseguros, lo digo con la frente muy alta. Tantas opciones nos han vuelto, unos estúpidos que al final, no saben escoger, y se quedan con una apariencia banal, que luego les lleva a más fracasos y a un desgaste emocional, muchas veces difícil de superar.

Ir a pasear un momento. Sin móvil, ni nada. ¡Se puede! ¡Doy fe! Pensar en aquello que os mueve realmente. Sentirlo como algo que forma parte de vosotros, sin miedos infundados que solo lleva a la desesperación y amargura. Eso que se está formando, dentro de vuestros corazones, almas o cualquier nombre que le pondréis, irá bien. Eso, es bueno, muy bueno. Entonces agarrarlo, fuerte, muy fuerte. Hacerlo vuestro, como si fuera el mayor tesoro nunca alcanzado, ese que ni el dinero, no puede obtener ni comprar. No lo soltéis. ¿No es perfecto? ¿Tú lo eres? Y a partir de ahí, a volar… Nadie dijo que fuera fácil, pero tampoco difícil. Simplemente es, vida.

Dejemos de ser “cojoneros”, y vamos a crear relaciones de calidad, no de cantidad. Porque lo que estamos mostrando al mundo, a aquellos que están viniendo o que vendrán, es algo muy vacío, superficial y sin ninguna profundidad. Yo no quiero un mundo así, ¿y tú?

Salta, grita y llora. ¡Chilla al mundo que amas! Dile a la oreja a esa persona especial que te resulta tan atractiva y deseable, que deseas verla a cada minuto porque si no te falta el aire, que el sol sale gracias a su sonrisa, que los colores de su voz son más bellos que la misma primavera, que su olor te transporta a miles lugares del mundo sin moverte de su lado, que la belleza de la vida está en cogerle de la mano, y que sin duda, siempre seguirán pasando cosas excepcionales a su lado.

Y yo, me voy, a susurrar un poco…

Dolores, Lola, Lolita…

Ayer, haciendo un recorrido por la música y por la historia, me detuve a pensar…

Mi nombre, para quienes no lo sabéis (normal, solo firmo con DSO), pues Dolores… Lola, Lolita, Lola de toda la vida… Un nombre que llevo con mucho orgullo. Es la esencia de la mujer latina, profunda, salvaje, rebelde, honesta, familiar, libre, exótica…

Bueno os cuento por partes. No siempre estuve feliz con mi nombre, es más, creía que era un castigo de por vida. Hace unos cuantos años no estaba de moda, como ahora. Mi nombre era de anciana, persona mayor, y no me sentía yo muy a gusto con ello.

Al pasar los años, la cosa fue cambiando. Cuando viví por primera vez en Italia, exactamente en Florencia, la gente que iba conociendo y se cruzaba en mi camino, sin duda, hacían especial mi nombre. Era algo exótico y muy español, y por primera vez, llevaba con orgullo eso de llamarme Dolores.

Más tarde, hubo otra transformación y era que pasaba de Dolores a Lola. Al principio, no me sentía nada cómoda, pero la gente en Barcelona empezó a llamarme así. Hasta el día de hoy, que gracias a mi ex novio, Lolita es mi bandera. El Lolita de su boca, o en la de cualquier persona que me quiera, es la canción más dulce y armoniosa para mis oídos. Sin duda, Lo li ta, como dice Nabokov tiene una musicalidad diferente.

Y así, con 38 años y sintiéndome muy Lolita, me doy cuenta que la historia no ha sido justa con nosotras, es más, han sido muy crueles.

Todas las historias que se cuentan con nuestro nombre, sea en la literatura o en la música, son injustas, y me preguntaréis ¿por qué? Pues si hacemos un poco de memoria, todas las llamadas con dicho nombre o eran putas, o madame, desgraciadas de la vida, las que menos suerte tenían en todo, las más maltratadas y las menos queridas, perversas y pervertidas, mal nacidas del mundo… Y digo yo ¡no es justo! Ya, con bastante paciencia tiene uno que vivir con la broma fácil, de por vida, pero que encima la mayoría de canciones e historias que se cuenten de Dolores sea tan degradantes, ¡me ofende!

Así que hoy, por todas aquellas que abanderamos un nombre con mucho arte y salero, nos sintamos orgullosas de el, y es más, empecemos a crear nuevas historias, donde las Dolores, Lolas o Lolitas sean las reinas, las más afortunadas, valientes, inteligentes y hermosas, cambiando su pasado por un futuro lleno de garra y mucha fuerza. Un ole, por las ¡Lo li tas!

La Carrie Bradshaw “real”

Es inevitable, para las mujeres de mi generación, sentirnos un poco Carrie a lo largo de nuestra vida.

Pero yo, no solo me he sentido como ella, si no que soy la mismísima, pero en la vida real (parece muy ególatra, pero ahora entenderéis). Ahora os haré algunas comparaciones, y vosotros mismos al final de post, decidiréis, ¿oki?

Tengo un apartamento de lo más mono, donde las vistas no son en medio de Manhattan, ni de renta antigua, ni un love, que con el paso de los años se transformó en todo un modelo del design. El mío, es en medio de un pueblo bucólico, donde se respira paz y las ambulancias son el disturbo de mi armonía (cuando se dan, que es como… ¿Una vez al mes?). Mis vistas son espectaculares, cada vez que me asomo a uno de mis balcones aprecio un castillo, donde en mis noches de insomnio rezo para que se presente mi príncipe azul. Viví en Barcelona, Florencia y Milán, por lo tanto, lo cool de vivir en las grandes ciudades ya lo experimenté. A diferencia de Carrie, yo he madurado un poco.

Soy escritora como ella. Ella empezó siendo columnista en un periódico, yo con un blog cuando tenía tiempo libre, este ya ha celebrado su séptimo aniversario. Después de mucho, pensar, en octubre del año pasado publiqué mi primer libro. La temática sin duda alguna, son muy diferentes, pero lo que os puedo asegurar, que nuestro sueño se convirtió en realidad cuando este se publicó.

No tengo Manolo Blahnik, pero si que es verdad que tengo toda una habitación repleta de zapatos. ¿Y cuándo abro uno de mis armarios? ¡OMG! Encuentro joyas de zapatos que tenía olvidados, y entonces… ¡No dudo salir a la calle y contonearme un poco! Los tacones, son mi mayor debilidad… Me hacen sentir imperiosa, divina, segura, fuerte, mujer, y sexy muy sexy…

Lo mismo sucede, con los tres cientos quilos de ropa que tengo. No serán de Galliano, ni Tom Ford, Escada, Prada, Dior, Channel, Oscar de la Renta ni Valentino, pero son la maravilla de mis ojos. ¡Mil horas para decidir el look perfecto! Y luego, salir de casa, pisando fuerte. Todas, o casi todas, tenemos una mujer ideal a quién copiar su forma de vestir… Yo sin duda, soy muy Eva Cavalli. Entre Boho y Tomboy, ahí marco mi diferencia.

Y cómo no, también tengo a mis tres amigas fabulosas. Ivo, Larita y Piove, son mis tres almas gemelas que sin ellas moriría. Cada una, tiene una personalidad muy definida y es lo que adoro de ellas. Nos reímos, nos confesamos, compartimos y sobre todo, nos demostramos día a día que somos hermanas, para lo bueno y para lo malo. Nuestros amores y desamores, nuestro pan de cada día… ¡Qué haría yo sin ellas! Nuestras cenas, podrían ser la demostración más clara de un buen capítulo de Sex and the city.

Y… ¡Cómo no! Yo no tengo a un Mr Big, pero tengo a un Mr Wow. Es de esos que se cruzan en tu vida, y sin saber el porqué se impregna dentro de tu esencia sin casi respirar, tantas veces. Me deja loca en cada momento, sus actuaciones son de lo más reprochables, no se comporta como aquello que yo esperaba, me tiene loca dando tumbos entre mi esencia y querer. Viene y va, con todas sus licencias, y yo que le permito. Pero aún todo el dolor posible, y soportable, sigue estando en mi cabeza matándome en cada hachazo con sus locuras, su ser egoísta y caprichoso. Con sus miedos y antojos, y yo, corriendo por media España detrás de él. No es un Big, pero su Wow me tiene enamorada hasta las trancas sin saber qué hacer.

Sin duda, también tengo mi amigo gay, que es mi maridito hasta que la muerte nos separe. Es mi iluminación en la moda y en la vida, y con él, sé que coger un buen pedo es la única solución.

Y con todo esto… Y bastantes cosas más, como ya entenderéis soy Carrie, pero real. Nuestras vidas son paralelas, no iguales, pero sin duda, mi vida, la que os muestro no es sacada de ninguna serie y todo lo que acontece, ¡menos!

¿Ahora qué pensáis? ¿Es DSO la verdadera Carrie?

Final de mi retiro (Día 15)

Después de 14 días de desconexión, hoy vuelvo a la “normalidad”.

Este ha sido un viaje mucho más largo de lo habitual. He cogido el avión con más recorrido de mi historia. No han sido ni dos horas, ni cinco, ni veinte… Si no 14 días volando, para verme desde lo alto a mí misma. No es que me crea Dios… ¡Para nada! Pero desde la distancia, las cosas se ven de mejor manera. Desde allí lo alto me veía… Veía en lo que fallaba, en lo que hago bien, y en lo que no tengo culpa ninguna. La culpa es un mal, que nos ataca a todos de la misma manera. Es una tristeza que nos invade, sin dejar respiro. En este retiro, he aprendido que la culpa nos hace débiles, y que muchas veces nos culpamos de cosas que realmente, no tienen ningún tipo de objetividad. Así, que descargué de mi mochila, unos de los pesos más pesados, la tediosa culpa. En este retiro aprendí que la culpa, es, el narcisismo de nosotros mismos de lo que creemos que hacemos mal… Pensar en ello.

En este viaje de 14 días. He caminado, he rezado, he leído, he vivido en comunidad, encontrando viejos amigos y haciendo de nuevos. Experiencias maravillosas que las guardo en mi baúl preferido, con flores y satisfacciones que estarán, por siempre, en mi corazón. ¡No dudéis que volveré!

Aconsejo, a todo el mundo, que haga un retiro. Es bueno, estar en silencio. Contigo mismo, y valorar las cosas que te hacen más o menos feliz, alejarte de todo para ver las cosas con más objetividad, valorar los pequeños detalles de la vida, apreciar el carpe diem de una manera más absoluta, que tus compañeros de paseo sean el agua, el viento, los corzos, las liebres, el sol, las estrellas, la luna, los pájaros, los malditos insectos… Probar aunque sea una vez… ¡No dudo que os engancharéis!

La vuelta a la realidad es de lo más natural y conciliadora. Un poco, quizás, te agobias de volverte a “conectar” al cien por cien, con el mundo, mensajes pendientes después de tantos días. Pero también, es satisfactorio ver las personas que se han acordado de ti en los días de “reclusión” .

Así que con un aire, renovado, feliz como una perdiz, serena y relajada, me enfrento a mis nuevos retos, nuevos proyectos y tantas maravillosas cosas que me quedan…

¡Amigos el verano ha empezado!

Colorín colorado, este cuento, para nada se ha acabado… 😉

Y para concluir, mi post de hoy, os dejo esta canción que me ha acompañado tanto en mis largos paseos (casi veinte quilómetros al día). Espero, que os guste tanto como a mí.

Día 10

Y lo inevitable… ¡Se produjo!

Una del mediodía, el calor acecha en las profundas tierras castellanas. El Alto Tajo, con su verde ensordecedor nos emborracha de felicidad. Mis amapolas me miran… Saben que sí, es el momento. Las miradas se encuentran, en la timidez de las palabras, oraciones sin ninguna conexión… Solo el respirar, el saber, el entender… Nada más basta, todo lo demás sobra. ¿Cómo uno de puede sentir tan pleno con tan poco?

Siento que vibro, el aire, el agua, la tierra y el cielo… Se mueven, y yo bailo con ellos en la sinfonía de la alegría, de esas que bastan pocas palabras pero las miradas te traspasan el corazón y el alma. Sígueme dando de esta vida… Porque creo que estoy sedienta,de tu sed, absurda pero tan maravillosa.

Hace dos años todo empezó con esta canción… Hoy sigue vibrando dentro de nosotros…

Día 9

¿Habéis sentido alguna vez, que con solo un suspiro, os quemaba el alma?

¿Habéis sentido alguna vez, que con solo el escuchar una voz, os temblaban las manos?

¿Habéis sentido ese fuego interno con el respirar de alguien?

Yo no os puedo contar mi historia. Pero si lo que he sentido, desde ayer por la noche.

Ha pasado mucho tiempo desde entonces, y era imposible o al menos para mí, el pensar que se cruzaría de nuevo en mi camino.

Dos años son demasiados, suceden mil cosas y sobre todo, en aquella época que se presentó en mi vida, todo lo tenía, menos la claridad de las elecciones. Fue entre ángel y demonio. Entre luz y oscuridad. Seguridad y perdición. Ganar y perder. Querer y odiar. Fue un todo junto a un nada. Y, de nuevo, está aquí.

Ayer por la noche sentía que ardía. Moría de pasión. Ni una mirada. No puedo. No podré. Tengo miedo de cruzar una simple mirada y convertirme en estatua de sal. Me siento tan frágil. El mismo Big Bang sucedió en mi interior. Solo con una presencia. ¿Qué raro es el destino? Cuando menos lo esperas, vuelven personas de tu pasado que tanta importancia tuvieron. Sinceramente, yo no sabía la importancia que tenía, hasta ayer por la noche, que me quemé entera de pura pasión carnal.

Metros, pocos a distancia de mí. Cada día. A cada hora. Todos los días hasta que me vaya. ¿Qué voy hacer? Nada. Soy cobarde por naturaleza.

Me abrasaré en el silencio del amor no concedido.

Pasan las horas, los minutos y lo segundos, en forma de cadena, pesada, de hierro forjado… Forjado por la pasión de un ayer que se presenta en el hoy, en forma de interrogación y reencuentro.

A veces, los silencios hablan más que las propias palabras, que los propios deseos, que las mismas ganas… Compartimos el silencio.

¿Seguiré en el silencio? Quiero que vuelva a ser ayer… Justamente dos años. Que vuelva a ser todo como entonces, con la serenidad de ahora…

Me quemo de pura pasión… Nuestro reencuentro es una leyenda ya escrita, que será como una de las más bellas historias de amor… ¿Seguiré en el silencio? ¡Maldita cobardía que nos hace más débiles de lo que realmente somos!

Miro a mi ventana, y sé que estás ahí, a pocos metros… Cruzando miradas… Deseando deseos perdidos y reencontrados.

Hoy me siento más libre que nunca, más pura que ayer y serenamente embriagada de sentir, aquello que le llaman… Amor.

¿El final? No lo sé… ¡Pero que viva me siento!